05.04.09

PSICOLOGíA ADULTOS MAYORES. BIENESTAR. ATENCION DOMICILIARIA.

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , , , , a 2:07 am por Myriam Noemí Petrongolo

I. INTRODUCCION

            “La ciencia se ha vuelto ciega por su incapacidad de controlar, prever, incluso concebir su rol social, por su incapacidad de integrar, articular, reflexionar sobre sus propios conocimientos”. Edgar Morín

Efectivamente, como profesionales de la salud, debemos recordar siempre que tenemos un rol social al que atender, que trasciende a las contingencias de la práctica, la línea conceptual que se siga, o el lugar geográfico donde se trabaje.

Esa misma responsabilidad social es (o debiera ser) el motor y motivo para preguntarnos permanentemente sobre nuestra práctica profesional, sobre sus repercusiones y sus alcances.

“La autonomía, dentro del dominio del pensamiento, es la interrogación ilimitada; que no se detiene ante nada y que se pone ella misma constantemente en causa”. (C. Castoriadis 1997)

Colegas nuestros acaban de exponer durante horas (entre paneles, talleres y conferencias), el análisis de los diferentes aspectos y dimensiones de lo que podemos entender por “bienestar”. Han hablado de bienestar general, personal, físico, psicológico, social, subjetivo -por nombrar algunos-.

Tomando como base este recorrido, mi propósito es presentar la Atención Psicológica Domiciliaria como una práctica clínica posible y útil en el trabajo clínico con Adultos Mayores, que contribuye al bienestar y atiende, además, a una demanda social.

II. EL TRATAMIENTO

a. Sobre el inicio del tratamiento

La posibilidad de acceder a una terapia domiciliaria es, para algunos adultos mayores la causa por la cual se animan a iniciar el tratamiento. Estas personas, que no se avienen a concurrir a consultorio (por lo menos no inicialmente); dicen sentirse “mejor considerados” si nosotros nos acercamos a “su lugar” porque encuentran en la tranquilidad de lo familiar el reaseguro a ese despliegue desconocido del trabajo terapéutico.

“El consultorio es muy frío, muy feo lugar para que yo le cuente cosas tan íntimas…y qué se yo quien más escucha…” (Pedro, 69 años)

“Sí, tampoco es lindo ir al médico, pero ahí no tengo que hablar mucho…voy todos los meses, me siento y espero que me repita la misma receta..” (Lala, 67 años)

b. Sobre la continuidad del tratamiento

Este dispositivo previene de discontinuidades por ausencias o deserciones ya que somos nosotros, los psicólogos, los que debemos asistir puntualmente a cada sesión.

Aún cuando la ausencia del paciente estaría totalmente justificada (un reposo post operatorio, por ejemplo) el ritmo y la dinámica del trabajo terapéutico se resienten. En cambio, la posibilidad de recibirnos en esta situación, no interrumpe el trabajo psicológico y traerá por añadidura una mejor tramitación de la recuperación física.

“con este calor…creí que no venía…menos mal que viene usted, si tuviera que ir yo…mmm…no sé” (Lala)

“si llueve, usted va a venir igual ?, yo cuando llueve no salgo casi” (Su, 74 años)“es que los viejitos tenemos que cuidarnos de los golpes de calor, de los golpes de frío…ja ja ,,, y de los golpes al cuerpo también! (Pedro)

c. Sobre la adhesión al tratamiento

Mi experiencia indica que la adhesión al tratamiento se instala más prontamente en los pacientes que visito a domicilio, respecto de los que atiendo en consultorio. Creo que estos pacientes facilitan el armado del vínculo empático desde el cual abrazan la adhesión rápida al tratamiento , como un reconocimiento hacia nuestra “buena disposición” (por llamarlo de alguna manera) de visitarlos en sus casas.

“Yo le dije a mis hijos: ahora que me vienen a escuchar acá voy a hablar de todo, todo, todo, -no me importa si se enojan porque le cuento a usted cosas de ellos…” (Su)

“ya les dije a mi hija: nada de dejarme a los chicos el martes porque yo tengo mi terapia” (Pedro)

“estaba esperando que viniera, tengo que contarle que….” (Gra, 77 años)

III. LAS CASAS

Al entrar en la casa del paciente entramos, de una vez, en su mundo familiar cotidiano. En un universo de significaciones particular.

Objetos, recuerdos, fotos, muebles, disposiciones, que pueden servir de indicios a nuestra labor, si tenemos el buen tino de observar y atender a cambios sutiles -o no- sobre los mismos.

El Orden (o desorden), la luminosidad, los colores, las texturas, pueden ser indicadores importantes sobre el tono emocional del paciente.

El ambiente habla por sí solo y por boca del paciente cuando hace referencia a algunos objetos (sobretodo fotos) para apoyar sus dichos.

Las fotos expuestas resumen instantáneamente la red de personas más significativas de su entorno.

Suelen aparecer las fotos de los nietos y los hijos en primer lugar, foto exclusiva del cónyuge (si está fallecido, si vive participa de fotos grupales) y los mejores amigos/as.Generalmente no hay fotos actuales de los viejos (tanto de los pacientes como de sus parejas), sino fotos que los muestran más jóvenes.

También hay “ausentes” en las fotos que, paradójicamente aparecen -los primeros- en el discurso:

“Al más chico no lo puse, porque es un diablo!, no me llama nunca, se come las uñas a los 48 como cuando tenía 5 años…ja! Y con ínfulas de gerente de personal … no tiene tiempo de hablar con su madre” (Nona, 70 años)

Imágenes religiosas

Los adultos mayores suelen dedicar parte de su pensamiento al aspecto espiritual, al sentido de la vida, acompañados generalmente por los íconos de su religión.

“El alivio del envejecimiento llegaría con la práctica de la virtud y ésta conduciría al eterno bienestar del alma” (Iacub, 2006)

Hasta ahora no he conocido paciente que no tuviera alguna imagen religiosa colgada de una pared, apoyada en el ángulo de algún espejo o sostenida en un portarretratos, cual foto familiar . Especialmente las mujeres viudas suelen armar un pequeño altar frente a la foto de su pareja fallecida.

IV. LOS BARRIOS

Por último un breve mención sobre la utilidad que puede tener para nosotros conocer el barrio donde los pacientes interactúan.

Los barrios también hablan: el ambiente general de las cuadras lindantes, el movimiento de personas y automóviles, el nivel de ruidos, el estado de las veredas, en fin, todos los elementos que pueden favorecer o entorpecer la interacción de los viejos con su entorno. Así como conocer si existen instituciones en el barrio que sostienen programas relacionados con la tercera edad. Sobretodo si estamos apostando a que el paciente retome alguna actividad social.

Es útil armar junto con el paciente este tipo de guías barriales, recabando información formal (publicaciones gráficas, medios de comunicación) e informal (otros vecinos)

V. LAS CRÍTICAS MÁS REPETIDAS

He notado que la práctica clínica Atención Psicológica Domiciliaria no es aceptada tan fácilmente por todos los psicólogos, pero también he notado que muchos de los argumentos que esgrimen para detractarla son vagos, están basados en la repetición de conceptos teóricos instituídos como válidos, o en meros prejuicios (de los cuales, por supuesto, no son totalmente concientes ).

“La enfermedad de la teoría está en el doctrinarismo y en el dogmatismo que cierran a la teoría sobre ella misma y la petrifican”.

a. La primera crítica reza: “no es el escenario adecuado”

He notado que hay colegas trabajando con Adultos Mayores en ONGs, empresas, escuelas, universidades, hospitales, salas de auxilio, hogares de día, voluntariados, centros de jubilados, en las fronteras, en las zonas de desastres, en medio de catástrofes naturales, en barrios marginales, en situación de calle, en unidades de terapia intensiva… , podemos aún atender en ese gran domicilio colectivo que es “el geriátrico”, pero todavía no aceptamos la atención domiciliaria sin más; apenas la disculpamos si el paciente sufre (transitoria o permanentemente) algún impedimento físico para trasladarse, o si trabajamos en equipos de cuidados paliativos. O sea: sólo si es inevitable.

b. La segunda crítica acusa: “no responde a ningún encuadre ”

No son solamente los psicoanalistas quienes defienden el encuadre más tradicional; todos los psicólogos sostienen algún encuadre, lo perpetúan y muchas veces, a fuerza de repetirlo, se transforma en una rutina, se cristaliza su sentido y se configura un instituído, que parece ordenar y parece brindar cierta seguridad protectora.

“Romper el marco de lo esperable supone definir una nueva forma de actuar creativamente” (Iacub, 2001)

Personalmente creo que un encuadre apropiado se logra y construye con el paciente y desde pactos respetuosos del consenso mutuo.

“No hay ninguna consigna técnica precisa para darle al terapeuta, ya que debe estar en libertad de adoptar cualquier técnica que sea apropiada al caso. El principio fundamental es brindar un encuadre humano… “ (Donald W. Winnicott, 1957)

Después de todo, los elementos clave de una terapia son: el vínculo que hayamos podido construir con el paciente, (ligar al paciente a la persona del médico, decía Freud), el respeto por su subjetividad y el objetivo de reencaminarlo nuevamente hacia un bienestar perdido.

Todo paciente que solicita tratamiento es porque siente que ha perdido algo de su felicidad subjetiva, de su bienestar.

“Contemplada bajo este aspecto la felicidad se comporta de forma similar a la salud: no se nota, no se siente…(…)… se siente más su ausencia de lo que se nota su presencia ¿Acaso el pez “nota” el agua?”

VI. HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA

Actualmente el paradigma de la complejidad (del cual Edgar Morín es un insistente divulgador y militante) viene reclamando que desde las ciencias sociales adoptemos sus propuestas.

No podría dar cuenta de semejante vastedad teórica en estas líneas, pero diré que, en principio, me parece más coherente a nuestra labor y más coincidente.

“La complejidad no pretende tener visiones completas de las cosas. Es verdad que pensamos que no podemos aislar los objetos unos de otros. En última instancia todo es solidario. Si tenemos sentido de la complejidad, tenemos sentido de la solidaridad. Más aún, tenemos sentido del carácter multidimensional de toda realidad.”

No es nuevo para nosotros reconocer que la completud no existe como tal, que no podemos abarcar “la realidad” o que no podemos “desentramarnos” del complex social para observar un fenómeno objetivamente (la objetividad en sí misma es un constructo supuesto)

Las características fundamentales de este universo son la incertidumbre y la imprevisibilidad insoslayables.

Son “parte de” nuestro mundo humano; se pueden estructurar, reducir, pero nunca suprimir.

Considero que la complejidad con que se presenta el mundo global reclama la presencia de un pensamiento también complejo , abierto, que nos invita a desplegar nuestra intuición, nuestro pensamiento lateral, el desarrollo de múltiples inteligencias, aptitudes y competencias más creativas.

“…habría que sustituir el paradigma de disyunción / reducción / unidimensionalización por un paradigma de distinción / conjunción que permita distinguir sin desarticular, asociar sin identificar o reducir”.

Así las aparentes contradicciones con las que nos encontramos muchas veces en nuestra profesión (y en todos los aspectos de la vida) son tratadas como indicadores de otras dimensiones aún no vislumbradas, que habrá que ir a descubrir.

“En la visión clásica, cuando una contradicción aparece en un razonamiento, era una señal de error. Significaba dar marcha atrás y emprender otro razonamiento. Pero en la visión compleja, cuando se llega por vías empírico-racionales a contradicciones, ello no significa un error sino el hallazgo de una capa profunda de la realidad que, justamente porque es profunda, no puede ser traducida a nuestra lógica”(Morín, 2008) .

La intención de poder “controlar” las variables en las prácticas, o fenómenos y de poder predecir eficazmente algunos resultados es cada vez más ilusoria.

“Debemos saber que todo lo importante que sucede en la historia mundial o en nuestra vida es totalmente inesperado, porque continuamos actuando como si nada inesperado debiera suceder nunca. Sacudir esa pereza del espíritu es una lección que nos da el pensamiento complejo.”(Morín, 2008)

***CITAS EN PREPARACION***

BIBLIOGRAFIA

FREIRE, J.B. : “Humor y serenidad”. España. Ediciones Universidad de navarra, S.A. Pamplona, 1996

CASTORIADIS, C. : Conferencia de marzo 1997.

IACUB, R. : “Proyectar la vida. El desafío de los mayores”. Buenos Aires. Editorial Manantial, 2001

IACUB, R. : “Erótica y Vejez. Perspectivas de occidente”. Buenos Aires. Editorial Paidós, 2006

MORIN, E : “Introducción al pensamiento complejo”. Buenos Aires. Editorial Gedisa, 2008

07.27.08

JORNADAS DE CAPACITACION. CATEDRA “PSICOLOGIA DE LA TERCERA EDAD Y VEJEZ” (UBA) 2008

Publicado en Jornadas tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , a 1:28 pm por Myriam Noemí Petrongolo

Ya está publicado el programa de las VIII Jornadas de Capacitacíón de la Cátedra “Tercera Edad y Vejez” de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, a realizarse el dìa sábado 2 de agosto de 2008,  bajo la dirección del Titular de Cátedra Dr. Prof. Ricardo Iacub.

Reitero mi agradecimiento para todos los que apoyan estas instancias de intercambio y ya han confirmado su participación. Especialmente a los que se acercan desde el exterior (Uruguay, Brasil) y desde el interior de nuestro país.

Mi participación, compartida con la Lic. Margarita Cacurri y la Lic. María Victoria Salamé, dos colegas de la cátedra, en el Taller 1 “¿Es posible el bien-estar en la vejez? Herramientas e intervenciones en el trabajo con viejos” irá de 11.45 a 13.15 horas. Nos acompañará la Lic. Luisa Perversi, quien expondrá su experiencia de trabajo en geriátricos. Nos vemos allí !!!

Algunas especificaciones para esta jornada están publicadas en el post anterior. Para acceder al programa completo puede ingresar a: www.psi.uba.ar o puede hacer click aquí

07.02.08

Jornada de Capacitación de la Cátedra de Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) 2008

Publicado en Jornadas tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , a 2:28 am por Myriam Noemí Petrongolo

El sábado 2 de agosto de 2008, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, se realizará la VIII Jornada de Capacitación de la Cátedra de Tercera Edad y Vejez, cuyo titular es el Dr. Ricardo Iacub, ya conocido por todos los profesionales que se dedican al trabajo con los Adultos Mayores.

La organización será en conjunto con la Secretaría de Extensión, Cultura y Bienestar Universitario, cuyo secretario, Lic. Jorge Biglieri, ofrecerá las palabras de apertura.

La jornada, este año más extensa, de 8.30 a 19.30 hs., se desarrollará en paneles y talleres simultáneos. El programa definitivo lo publicaré en un próximo post, enlazado a la página web de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Como seguramente van a querer conocer el temario por adelantado, les puedo contar que la conferencia inicial tiene como título: “La vida es bella en la vejez: el desafío de una estética de la existencia” y estará a cargo del Dr. Iacub.

Habrá tres paneles simultáneos en cada turno. Los de la mañana: ”Es posible el bienestar en el envejecimiento?”, “Sobre cuidados y cuidadores” y “Aspectos cognitivos del envejecimiento”. Los de la tarde: “Espiritualidad, religiosidad y trascendencia”, “Nuevos planteos psicoterapéuticos” y “Estilos de vida”.

Los talleres simultáneos serán cuatro en cada turno y estarán relacionados con la temática abierta en los paneles previos.

Para los que quieran escuchar mi aporte, pueden buscarme a las 11.45 hs. en el Taller “¿Es posible el bien-estar en la vejez? Herramientas e intervenciones en el trabajo con viejos. Acerca del bien-estar en diversos contextos: el Geriátrico, el Hogar de día y la Asistencia en Domicilio”, espacio que comparto con dos colegas de la cátedra y una invitada de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

La presentación de posters se realizará de 15 a 16 hs. entre turnos, después del almuerzo. Las palabras de cierre, a las 19.15 hs., estarán a cargo de las autoridades de la cátedra.

LOS ESPERAMOS!!!!!

05.13.08

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente.”Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (5°), por Lucas Graeff

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , a 2:36 am por Myriam Noemí Petrongolo

Llegamos al último post de esta serie; aquí las conclusiones del autor, Lucas Graeff, el corolario de todo su trabajo de investigación y las referencias bibliográficas utilizadas.

El mayor de los agradecimientos al autor, nuevamente, por haber permitido publicar su trabajo; y más aún al Dr. Ricardo Iacub (www.ricardoiacub.com.ar), quien, con su espíritu innovador y original, nos acerca siempre materiales abiertos a nuevas visiones (como éste aquí publicado) aportando visibilidad a las diversidades teóricas.

5. CONCLUSIÓN

Contextualizar a los moradores del Asilo Padre Cacique en el cuadro de sus dramas y de su vida cotidiana, cuestiona la construcción social de algunas representaciones compartidas sobre el asilamiento en el Brasil. Una de ellas se basa en la premisa de la “mortificación del yo” causado por el carácter totalizador de cualquier institución dedicada a la vejez. Cuando Erving Goffman (1974) formuló su teoría, las sociedades disciplinarias aún estaban en su apogeo (Deleuze, 2000) y, de hecho, el individuo no cesaba de pasar de un espacio cerrado a otro – de la familia a la escuela, de la escuela a la fábrica, de la fábrica al hospital o, eventualmente, a la prisión o al asilo.
Las instituciones totales eran proyectos de confinamiento por excelencia, con el objetivo de concentrar en el espacio, ordenar en el tiempo, centralizar la autoridad y racionalizar los esfuerzos. En la contemporaneidad, esas mismas sociedades disciplinares se transforman tornándose “reflexivas” o “complejas” [11]: los actores sociales se ubican en experiencias diversificadas, cruzando hechos y visiones del mundo contrastantes, demarcando, así, proyectos y trayectorias sociales que son significadas como singulares (Velho, 2004). Es en ese contexto ideológico es que la premisa de la “mortificación del yo” debe ser pensada críticamente.
Dada la política de apertura que estaba siendo aplicada por la dirección, el Asilo Padre Cacique no puede ser definido fácilmente como una “institución total”. El control social aplicado en ese micro-universo simbólico enfrentó resistencias y sufrió cambios, como en los criterios de selección y en los horarios de visitas, pasando por la invitación a la participación de familiares y voluntarios en el día a día y en las fiestas del Asilo, hasta las pequeñas modificaciones en los cuartos, cada vez menores, privados, proporcionando espacios de intimidad.
El Asilo Padre Cacique es parte de un conjunto de reflexiones y acciones dedicadas a la vejez y su política no puede ser comprendida como un hecho aislado. En el mismo período en que venía abriéndose, circulaban en medios de comunicación y televisivos y en los medios académicos y profesionales dedicados al envejecimiento, una serie de ideas-valor que configuraban el discurso de la Tercera Edad. En esa época también fue  promulgado el Estatuto del Anciano en el Brasil, que viene sirviendo como instrumento de reivindicaciones políticas y para el propio Estado, que se apoya en la Ley para fiscalizar las instituciones filantrópicas, religiosas y privadas de amparo a la Vejez y a la Tercera Edad. Por lo tanto, si la política de apertura del Asilo puede considerarse pionera, ella es absolutamente coherente con el contexto socio.político en que estaba inserta.
Desde tales consideraciones se sigue que el propio carácter de las instituciones dedicadas a la vejez está siendo redefinido. Frente a los cambios, nuevas premisas y conceptos precisan ganar espacio para que otras dimensiones  de la experiencia de envejecer en el asilo puedan ser interpretadas. Los tiempos vividos en los espacios sociales y las memorias narradas son fundamentales para contraponer críticamente la premisa de la mortificación del yo. Habitar los lugares, reinventar o “fantasear” la trayectoria social y establecer nuevas relaciones de sociabilidad configurarán situaciones singulares, más complejas que esa “burla ritual de poseer un yo” de la teoría interaccionista (Geertz, 1989) Prefiero hablar de un movimiento de afirmación de diferencias, más que de un simple juego entre aquello que es impuesto por la institucionalización y lo que es negociado estratégicamente por los actores.
La teoría de las Instituciones Totales debe ser asumida en cuanto tal: como una herramienta conceptual que contribuye para comprender el drama del asilamiento y para criticar el carácter totalitario de determinadas gestiones. Mas hay otros aspectos de la cultura asilar, muchos de ellos también dramáticos, que no pueden ser interpretados o explicados exclusivamente a través de esa teoría. –los peldaños de la vejez, que son maneras de vivir y de resignificar la condición de asilamiento, los ritmos cotidianos, que conforman temporalidades propias en la cultura asilar, y las narrativas de los viejos, sujetos de experiencias singulares, que realizan un esfuerzo sistemático de dar sentido a sus experiencias.
Las imágenes de la vejez institucionalizada, en cuanto construcciones sociales, también se vienen transformando. Las descripciones etnográficas presentadas aquí no deben servir  como negación de hechos concretos ligados a imágenes como la exclusión social, la pauperización y el abandono familiar. Su objetivo fue presentar el trabajo que los moradores del Asilo Padre Cacique realizaron para resignificar sus  trayectorias e identidades sociales y para afirmar la dignidad de sus condiciones de vida. Ese esfuerzo sólo es visible cuando un investigador acepta participar, aunque temporariamente, del mundo de la vejez y de sus capas de sentido.
Fue fundamental soportar los “ritmos de la eternidad” del asilo, con sus raras series de acción y tragedias cotidianas [12]. La transformación epistemológica propiciada por la etnografía, siempre fundada en categorías y conceptos antropológicos, renovó la cadencia de esos ritmos. Junto con el tiempo las imágenes se transformaron: percibí las redes sociales aparentemente inexistentes y comprendí la dimensión social de los conflictos y la diversidad de las experiencias vividas en el interior de la institución. Así, la heterogeneidad de la cuestión asilar se impuso, invitándome a pensar. Queda hecha la misma invitación para el lector.
   

[11]Sin entrar en los méritos de la larga e importante discusión que viene ocupando a los científicos sociales e historiadores (Giddens, 1994; Kuper, 1998; Velho, 2004; entre otros), sobre definiciones de centro vs periferia, sociedades complejas vs simples, etc., el dato fundamental aquí es la propia transformación

[12]¿Hay, de hecho, trajedia mayor que ser derribado por el propio cuerpo debilitado?

REFERENCIAS
BACHELARD, Gaston. A dialética da Duraçäo. 2 ed.Säo Paulo: Ática, 1994

BACHELARD, Gaston. A Poética do Espaço. Säo Paulo: Ática, 2000.

BENJAMIN, Walter. Magia, Técnica, Arte e Política: ensaios sobre literatura e história da cultura. Säo Paulo; Brasiliense, 1996.

BOURDIEU, Pierre. Razöes Prácticas. 3 ed. Campinas, 2001

DEBERT, Guita Grin. A reinvençäo da Velhice: socializaçäo e processos de reprivarizaçäo do envelhecimento. Säo Paulo: EDUSP, 1999.

DE CERTEAU, Michel. A invençäo do Cotidiano: artes de fazer. 2 ed. Petrópolis: Vozes, 1997

DELEUZE, Giles. Conversaçöes. Rio de Janeiro. Ed 34, 2000

DILTHEY, Wilhelm. Critique de la raison historique. Paris: Le Cerf , 1992

ELIAS, Norbert. A Sociedade de Corte. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 1994

FERREIRA, María Leticia Mazzucchi. Folheando o Pasado: estudio antropológico sobre memória e identidade social na velhice. 1995. 215 f. Dissertaçäo (Maestrado) – Universidade Federal do Rio Grande do Sul . Instituto de Filosofía e Ciéncias Humanas. Programa de Pos-Graduaçäo em Antropologia Social. Porto Alegre, 1995.

GADAMER, Hans-Georg. Verdade e Método. Petrópolis: Vozes, 1997

GEERTZ, Clifford. A Interpretaçäo das culturas. Rio de Janeiro: LTC, 1989.

GIDDENS, Anthony. Living in a Post – Traditional Society. In: BECK, Ulrich; GIDDENS, Anthony; LASH, Scott. Reflexive Modernization. Cambridge: Polity Press, 1994. P. 56 – 109

GOFFMAN, Erving. Manicömios, Prisöes e Conventos. Säo Paulo: Perspectiva, 1994.

GRAEFF, Lucas. O “Mundo da Velhice” e a Cultura Asilar: estudio antropológico sobre memória social e cotidiano de velhos no Asilo Padre Cacique, em Porto Alegre. 2005 172 f. Dissertaçäo (Mestrado em Antropologia) -Instituto de Filosofia e Ciéncias Humanas, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, 2005. Disponivel em: <http://www.bibliotecadigital.ufrgs.br/da.php?nrb=000515601&loc=2006&l44bt702768b2fa32>. Acceso em: 12 mar. 2007.

HALBWACHS, Maurice. Memória Coletiva. Säo Paulo:Vértice, 1990.

KUPER,Adam. Among the Anthropologists.: history and context in Antropology. London: Ayhlone Press, 1998.

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SAHLINS, Marshall. Ilhas de História. Rio de Janeiro: Zahar, 2004.

TURNER, Víctor. From ritual to Theatre: The human seriousness of play. New York: PAJ, 1982.

VELHO, Gilberto. Individualismo e Cultura: notas para una antropologia da sociedade contemporánea. 7 ed. Rio de Janeiro: Zahar, 2004.

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (4°), por Lucas Graeff

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , , a 2:18 am por Myriam Noemí Petrongolo

Este cuarto post de la serie “Instituciones totales y la cuestión asilar”, nos acerca a las narrativas y las producciones de sentido que el investigador Lucas Graeff pudo recoger durante su estadío en el asilo Padre Cacique; a la vez que nos muestra las diversas maneras en que los residentes reconstruyeron historias y trayectorias de vida.

 

4. LAS NARRATIVAS Y PRODUCCIÓN DE SENTIDO

Es una tarea irrealizable la tentativa de recomponer los ritmos de las narrativas en el papel. Se pierden las “performances”, con sus gestos, suspiros, excitaciones y silencios y se fijan grandes divisiones –“en tiempos de Getúlio”,  “en mi época”, pero el esfuerzo total realizado por el pensamiento se acaba perdiendo. El ritmo de lectura no es igual al de escritura, ni el del oyente al del narador. Ordenarlos y componerlos es un desafío sistemático de interpretación y comprensión. Es preciso buscar otros medios de significación, componer imágenes, sonidos, música y escritura [10]. Al fin se sugiere que todos los ritmos transcriptos no traducen, de hecho, aquellos de la experiencia de envjecer en el asilo. Sirven, por eso, como recursos múltiples de la imaginación.
La dinámica interactiva de las entrevistas coloca al viejo en posición de prestigio social, lo que implica una conciencia de responsabilidad de transmitir valores y perspectivas sobre el mundo y sobre el asilo: el viejo recupera, así, su condición de pertenencia afectiva a la comunidad de recuerdo. En esos términos, la narración de las trayectorias sociales no lleva al acceso de capas de memoria colectiva, pero agrega densidad a ellas. La percepción de continuidad social fue fortalecida – “mi tiempo pasó, pero tú estás todavía en la lucha”, como confesó Pedro, insistiendo que era preciso retomar una relación con un político local para ayudar a la divulgación del trabajo antropòlógico.
En palabras de Pierre Bourdieu (2001), la creación de sentido por medio de la biografía o narrativa es siempre un “artefacto”. En él se depositan los contenidos sociales que definen las condiciones de transmisión de experiencias. Recordar es un proceso que sigue demarcaciones socialmente compartidas –“en la sociedad están todas las indicaciones necesarias para reconstruir (…) las imágenes de los acontecimientos pasados” (Halbwachs, 1990, pág. 77). Al recuperar las singularidades del proceso de envejecer en el asilo, los artificios biográficos también revelan las direcciones y contra-direcciones de la memoria colectiva y la operación de unificación, dada por el pensamiento, que articula diferentes acciones y circunstancias según órdenes socialmente compartidas.
Recuperar las trayectorias sociales en el vivir cotidiano asilar a través del trabajo de la memoria tiene como finalidad la propuesta de instantes privilegiados, donde los ancianos podrán reconstituir las existencias de sus tiempos vividos a través de las narrativas. Con sus silencios, olvidos y actuaciones, el narrador procura salvar los sentidos de la experiencia (Benjamín, 1996) entrelazando incesantemente un conocimiento sobre sí mismos y sobre el mundo. Una situación de reciprocidad, de interlocución, es fundamental para la transmisión de las formas de existencia social y para el encuadre social de los recuerdos: los relatos son pensados cuidadosamente por el narrador, de acuerdo con las variaciones de entusiasmo e interés del oyente. Reconstruir la existencia es atravesar las ambigüedades, las lagunas y los olvidos que fragmentan la identidad social transformando la imagen de sí a través del trabajo de la memoria.
Pedro narró momentos excepcionales como si constituyesen una epopeya, exaltando sus acciones, los infortunios y las peripecias de la ocasión. Su habilidad poética resulta en una experiencia de continuidad: al construir un personaje, él organizó su identidad y procuró asegurar su autoridad para dar consejos sobre roles sociales y estilos de vida en el mundo de la vejez.
Al manipular su estigma, saltando con las palabras, cantando y danzando, Marieta configuró una identidad narrativa singular, lúdica. Sin abrir más que una táctica cotidiana fundamental –la afectividad y seducción a través de sus músicas- ella procuró mantener su proyecto de retornar a su casa y a la comunidad.
Azevedo eligió el subsuelo del asilo como su espacio afectivo actualizando su identidad de “socio de la soledad”, músico y compañero fraternal de los necesitados. El reconstruyó su historia y, a través de ella, procuró justificar sus interpretaciones sobre la cultura asilar, tornándose un cronista del asilo. El fue uno de los pocos moradores que narró su ciclo de vida, lo que lo inscribe, casi naturalmente en una cultura de clase media (Velho, 2004) generalmente ausente de las representaciones sobre la vejez pobre y asilada en el Brasil.
En la sala de visitas Luduvica realizaba la mediación entre visitantes, voluntarios y moradores del asilo, administrando la sociabilidad y el entretenimiento. En la narrativa ella utilizó categorías de Tercera Edad para interpretar a los colegas de la institución. Cotidianamente se posicionó como portavoz de las actividades lúdicas y colaboró activamente en el cuidado con los “viejitos”, distinguiéndose de ellos.
A través de la literatura Rui dio continuidad a un estilo de vida de formación cultural, al cual no tendría acceso de no haber sido por su desempeño como librero. Comercializar libros fue una oportunidad de circular entre grupos sociales. El organizó una narrativa heroica , mezclando una serie de tácticas cotidianas para vender libros prohibidos durante la dictadura militar. El enfatizó su gusto por películas, relacionándolas a recuerdos de su infancia y juventud.
Mezclando los recuerdos de modificaciones espaciales y los de las relaciones afectivas, Lidia testimonió cambios significativos en el Asilo Padre Cacique. A pesar de la pérdida gradual de la visión, ella aún fue capaz de recuperar imágenes y recuerdos que contrastaban con la condición presente del asilo. En su cuarto, nadie podía faltarle al respeto: las relaciones afectivas mantenidas a lo largo de los años le aseguraban autoridad por el afecto.
Al favorecer la diversidad de sentidos, las entrevistas no directivas sobre las relaciones entre la trayectoria social y el cotidiano asilar, acabaron por formalizar un “ritmanálise” (Bachelard, 1994). Durante los juegos de memoria, los viejos encuadraban por el pensamiento la acción real del tiempo –que marca inexorablemente el cuerpo- a través de la riqueza de pasajes afectivos, de las coincidencias vividas y de las peripecias. Prudentemente se creó una condición de reposo capaz de atravesar los ritmos cotidianos y de asegurar una posición diferenciada, a partir de la cual pudieron, de hecho, afirmar su inteligencia narrativa.

[10]La disertación de maestría que resultó de la investigación etnográfica, contiene un capítulo en video, dedicado al estudio de los armarios, además de un conjunto de 40 fotografías que procuran restaurar imaginariamente los diversos espacios del Asilo Padre Cacique. Puede ser consultado en la Biblioteca Sectorial de Ciencias Sociales y Humanidades de UFRGS

04.20.08

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (3º), por Lucas Graeff

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , a 11:11 pm por Myriam Noemí Petrongolo

 Los ritmos personales e institucionales del envejecimiento en el asilo, son el núcleo de este tercer punto (post nº 3) en la investigación “Instituciones totales y la cuestión asilar” que el psicólogo y antropólogo Lucas Graeff ha realizado en el asilo Padre Cacique de Porto Alegre, Brasil; quien, amablemente, nos permite su publicación en este blog.

El trabajo se podrá ver en su totalidad al finalizar la publicación del 5º post.

3. LOS RITMOS ASILARES

La atención minuciosa a los ritmos cotidianos fue la clave para la comprensión de las diversas capas de sentido presentes en el Asilo Padre Cacique. Partiendo de la premisa de que el tiempo y el espacio son medios homogéneos donde los fenómenos se desarrollan, pero términos definidos relacionalmente según las prácticas sociales, se pecibe que los ritmos del proceso de envejecer en el asilo asumen diferentes formas y características dependiendo de las ocupaciones, de las distracciones, de los descansos, de los hábitos, de las irregularidades y de los intervalos de la vida cotidiana. Por eso los ritmos asilares no son fácilmente transmitibles a través de conceptos. El uso de la fotografía fue fundamental en ese sentido [9], garantizando una mirada paciente, que se deja llevar por la duración de la experiencia de envejecer.
En cada lugar y momento, ritmos diferentes se imponen: ellos están íntimamente relacionados a las experiencias de habitación de los espacios.
El tiempo de la institución engloba los tiempos individuales y está compuesto por ellos. En el comedor del Asilo Padre Cacique, lugar privilegiado para la sociabilidad, el timbre convocaba a reunión. A veces había fiestas, presentaciones y visitas que interrumpían los ritmos habituales de alimentación.
“Una profundización de los instantes” (Bachelard, 1994) tenía lugar.
Los ancianos pasaban a relacionarse afectivamente con el espectáculo, sin dejar las mesas inmediatamente y permaneciendo atentos al desarrollo de la trama.
El límite entre el corredor y el jardín, debajo de una arcada, resguardó muchos momentos de intimidad, siempre silenciosos y solitarios. Rui en su silla de ruedas, dormitó varias tardes allí durante el invierno, aprovechando el calor del sol frente a la entrada del comedor. Nuevamente, para quien contemplaba de afuera, ese reposo remitía a imágenes de vejez desamparada. Pero fue preciso reconocer que la soledad y el silencio acostumbran a andar juntos con la intimidad, proporcionando el reposo necesario a la habitación de un espacio privado. Y, en ese reposo, se constituía una cierta autonomía. Era un silencio a ser interpretado en su positividad, percibido en cuanto misterio íntimo, muchas veces recargado de valor social.
En el ala femenina la ocupación de los corredores osciló al gusto de las estaciones. El frío, que derriba, vaciaba sofás y sillas, y hacía parecer que los ritmos eran más pesados. Las que se arriesgaban a caminar, lo hacían cansinamente, arrastrando los pies. En los cuartos fue preciso saber entrar. Se trataba, antetodo, de un espacio doméstico, -territorios privados “donde todo visitante es un intruso, a menos que haya sido explícita y libremente convidado a entrar” (De Certau, 1997, pág. 203). Aunque invitado, precisé tomar conciencia de “mi lugar”. No era posible, evidentemente, acomodarse en cualquier rincón, sobre la cama o sobre una silla. De igual manera era preciso reconocer los tiempos apropiados para visitas y conversaciones: el cuarto, en cuanto espacio colectivo, englobaba las privacidades. Otros silencios se instalaban allí, lugar de miradas indiscretas y acusadoras.
Siendo bienvenido, se tornó posible percibir los esfuerzos de habitación presentes en cada “rinconcito”: las preferencias y exclusión de objetos, las formas de orden, la disposición de la mesita de luz y de las sillas, las fuentes de luz, los espejos, los libros y periódicos abiertos, en fin; las armonías y discrepancias propias de la función de habitar. Evidentemente esas pequeñas colecciones de objetos, ropas y utensillos representaban el universo singular de sus dueños.
Un armario encadenado, además de remitir al temor de hurtos, también puede servir como tentativas de resguardar recuerdos. Una síntesis entre voluntad y memoria, como diría Bachelard (2000). Objetos socialmente relevantes, secretamente ordenados, sirven como ancla de la memoria y de la identidad.
El armario es la primer referencia para quien viene a vivir en el Asilo Padre Cacique: en torno a él gira lo cotidiano y dentro de él están resguardados los elementos mínimos de la intimidad. Un armario que provoca “devaneios” cortos, suscitados por los detalles de las cosas insignificantes –objetos llenos de polvo, arañados, gastados: fotos perdidas, tomadas de antiguos álbumes familiares; utensillos aún útiles, como un cepillo de cabellos o de dientes, una espuma de afeitar, o los anteojos viejos, a veces amarrados con tela adhesiva.
Un análisis emprendido por Leticia Ferreira (1995) resaltó las rupturas con los ritmos domésticos, a causa de la entrada del anciano en un pensionado. A pesar del contraste entre el “mundo del hogar” y el “mundo del pensionado”, era posible restaurar la identidad social a través de miniaturas afectivas, que contribuían también a reproducir los ritmos y hábitos consolidados con el tiempo. Hogar y pensionado, por lo tanto, eran análogos y revelaban importantes marcos identitarios. En el Asilo Padre Cacique, aunque la investigación realizada no abarcaba los lugares anteriores de los informantes, los armarios también se revelaron como analogías. O mejor: como alegorías de las preferencias y estilos de vida de sus dueños.
Curiosamente los armarios también se transformaban, confesando las aspiraciones del momento y las maneras de reinventar las trayectorias de sus ocupantes. En el ritmo cotidiano, un armario nunca es el mismo armario. Las dádivas, los premios obtenidos por juegos, la selección de ropas, las compras; las riquezas en el subsuelo del asilo, donde los restos y rastros son depositados: todo objeto apropiado es, simultáneamente, un indicardor y un transformador de las preferencias personales en el presente. Por fin, los espacios de intimidad pueden abrigar al cuerpo doliente, sirviéndole de refugio restaurador –“ la cama es para hacer un reposo estratégico, quedarte en la tuya te recupera”, como relató Azevedo.
En el ala masculina, circulaban las “mentiras” y “fantasías”. Los contadores de historias y los chistosos aprovechaban la atención del visitante para contar aventuras y distinguirse. En esos momentos lúdicos, el tiempo oscilaba entre las palabras y las carrasperas. Y se detenía repentinamente cuando llegaba un morador estigmatizado, senil. Instantes de constreñimiento frente a un futuro posible, a un espejo trémulo. En los grandes cuartos del ala masculina no siempre fue necesaria una invitación para entrar, porque la mayor parte de las camas permanecía deshabitada durante el día. Por ello, para conocer el armario de cada persona, lo ideal fue formar parte de los tiempos vividos en los corredores y sólo después, proponer ser invitado a conocer los espacios de intimidad.
En el Asilo Padre Cacique, los aspectos más dramáticos se revelaron en la enfermería. Es allí donde saltaron a los ojos las imprevisibilidades de lo cotidiano, donde el núcleo organizador de los códigos de diferenciación/identificación –el temor a la senilidad- presenta su carácter concreto.
Allá el tiempo presentó su faceta inexorable: las muertes y dolencias indican que los ritmos sucesivos del cuerpo no duran para siempre, transformándose hasta alcanzar la inmobilidad. La construcción social del luto en la cultura asilar pasa, así, por el testimonio sistemático de finitud. Son estas vicisitudes dramáticas de la vida las que establecen los límites de la producción e interpretación de sentidos del envejecer.

[9] Puede accederse a algunas imágenes en: http://lucasgraeff.googlepages.com

04.02.08

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (2º), por Lucas Graeff.

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , , , , a 4:43 pm por Myriam Noemí Petrongolo

En este post (continuación del 1º con igual título) publico el segundo punto del trabajo de investigación “Instituciones totales y la cuestión asilar”, del psicólogo y antropólogo Lucas Graeff , realizado en el asilo Padre Cacique de Porto Alegre, Brasil.

2. EL MUNDO DE LA VEJEZ EN EL ASILO PADRE CACIQUE

La decisión de asilamiento configura un drama social (Turner, 1982) Además de la ruptura con las redes sociales de referencia y los grupos de pertenencia, como la familia, la llegada al asilo convoca a nuevas reflexiones sobre la vejez en cuanto problema social y sobre los riesgos propios del envejecimiento. Las enfermedades, especialmente la senilidad, eventualmente se tornan el horizonte de esas reflexiones: la institucionalización acostumbra ser justificada como la alternativa viable para el mantenimiento de la integridad física del viejo. Pero ingresar al asilo Padre Cacique también puede ser definido como un proyecto. En lugar de permanecer en el espacio doméstico [3] ocupando una posición ambigua en la familia, el anciano renuncia a ello y opta por recuperar parcialmente o totalmente su autonomía en el espacio asilar.
Independientemente de los motivos de la decisión, los primeros tiempos de institucionalización son marcados por un proceso de ajuste, durante el cual las ambigüedades y el estigma de la nueva condición son vividos junto a una experiencia de aprendizaje de nuevos patrones culturales. Tomar parte en una cultura asilar, de una manera general, significa comprender e incorporar ese conjunto complejo y jerarquizado de maneras de pensar y actuar, que se dan en el propio ritmo de las relaciones establecidas en cada espacio social habitado. Una de las facetas de la cultura asilar en el Asilo Padre Cacique era definida por códigos de diferenciación/identificación [4] un conjunto de modelos de comportamiento y de control de las emociones, que son gradualmente incorporados cuando se entra en ese nuevo espacio simbólico.
En el Asilo, el núcleo organizador de esos códigos era la preocupación por -o el control de- las facultades fisiológicas y mentales: escapar de la senilidad, manteniendo una condición digna, parecía ser un gran proyecto compartido por todos, el cual corría riesgos en cada caída, en cada muerte. Desde ese núcleo organizador, los códigos podían ser apropiados o reinventados contextualmente, conforme a las trayectorias sociales, los espacios habitados y los ritmos de envejecimiento en el Asilo. Pensando con Marshall Sahlims (2004), los códigos de diferenciación/identificación, pueden ser definidos como una serie de repertorios que los viejos practicaban en sus vidas cotidianas –recombinación de las categorías culturales disponibles-, que producían innovaciones en cada uso y, simultáneamente, eran transmitidas en cuanto estructuras de significaciones.
Esos repertorios nunca eran unívocos. Había una gran diferencia entre las formas en que hombres y mujeres se apropiaban de ellos en el espacio asilar.
Algunas mujeres vivían en tensión entre el cultivo de nuevas relaciones afectivas y el mantenimiento de espacios de intimidad. Para otras, las relaciones con voluntarios y con la familia eran más valorizadas. El vivir cotidiano en el Asilo, en el caso de las mujeres, también era pautado por la preocupación por el respeto y la buena educación. Categorías de acusación, especialmente la de senilidad, estaban siempre en juego, clasificando y organizando los comportamientos. En algunas ocasiones pelear con alguien senil podía implicar una propia estigmatización. Pero los intercambios afectivos con funcionarios, voluntarios y visitantes, al contrario, siempre eran índice de sanidad mental.
El cuerpo es el soporte primario de la comunicación social (Le Breton, 2005) Gestos, ropas, maneras de desplazarse en el espacio; en el asilo pude percibir una variedad significativa de formas de andar (con y sin bastón, arrastrando o no los pies en el piso, apoyándose en un andador o en un voluntario, con sillas de ruedas, etc.). En ese sentido, los ritmos de envejecimiento  también podían ser comprendidos a través del cuerpo. Generalmente progresivo –se esperaba de manera general que las pérdidas y las enfermedades fueran graduales- el tiempo de la vida cotidiana también se podía transformar abruptamente, a través de un infarto, de una muerte. “La vejez derriba” era una frase recurrente que los ancianos y ancianas mencionaban para mí o entre sí.
Frente a esas ambigüedades, el fuero íntimo, pautado por el silencio y por la soledad, acaba siendo un momento privilegiado de tranquilidad.
Resguardarse de las situaciones de sociabilidad y de los momentos lúdicos, crea un tiempo de suspensión, de prudencia en la aplicación de los modelos de autocontrol. En lugar de colocarse sistemáticamente en el flujo de los intercambios y de la sociabilidad, la reclusión y el silencio, se tornan no una señal de una vejez “pasiva”, “abandonada”, “a la espera de la muerte”, sino un momento de afirmación de la intimidad.
Por qué, finalmente, sanidad y salud precisarían estar necesariamente ligadas a la actividad y al esparcimiento?
En el ala femenina muchos conflictos fueron disputas por apropiación de espacios, por relaciones afectivas, y, consecuentemente por distinción social. Además de evitar peleas con personas consideradas seniles, era fundamental resolver los conflictos rápidamente y evitar disputas sistemáticas.”Salir por encima” de la situación, con respeto y dignidad, indica una “buena educación [5]
En esas situaciones, la mediación de autoridades institucionales fue decisiva para la definición de “papeles”; finalmente quién tenía la razón? Quienes defienden adecuadamente sus espacios o sus relaciones afectivas? La intervención del director o de la asistente social podía servir como lugar último para la resolución de conflictos.
Los hombres también vivían los códigos de diferenciación/identificación, tramando sentidos en sus vidas a pesar de las rupturas. Pero con algunas apropiaciones específicas, como el carácter fantaseoso de las trayectorias sociales: aprovechando inteligentemente las oportunidades y el espacio potencial de imaginación creado a partir del distanciamiento de los grupos de referencia –los testimonios de los tiempos vividos- los ancianos contaban relaciones con personajes y momentos de prestigio. “Se autoproclaman”, como diría Guita Deber (1999) generalmente, en el sentido de reestructurar la identidad social, fragmentada por exclusiones sociales sistemáticas: del mercado laboral, de la posición de autoridad en la familia, del espacio urbano.
Ese espacio potencial de imaginación era definido relacionalmente a partir de un hecho concreto: todos estaban en el asilo. Y no era una institución cualquiera, sino Padre Cacique, asilo consideradio por ellos como una de las mejores alternativas de institucionalización en Río Grande do Sul, al menos para quien no posee las condiciones socioeconómicas para escoger una institución privada –“aquí no entra cualquier persona”-, frase repetida por dos de los moradores. Por lo tanto, ellos ponderaban la existencia de méritos para conseguir una vacante, aunque estuviesen allí sin una “jubilación digna” o sin “el respeto de los hijos”. Esos elementos objetivos organizaban las autoproclamaciones, las historias maravillosas, los éxitos y fracasos narrados.
Azevedo, Joào y Rui, informantes de la encuesta, me explicaron que las “mentiras” y “fantasías” ocurrían porque las personas “vao dando trela” [6], en la medida en que el contador de historias no sufría de represalias por parte de quien las oía.
Los mentirosos acostumbran a recibir apodos, que pueden o no, ser conocidos por ellos: “Buffalo Bill”, “Siete lenguas”- dice Joào, y Rui completa:

[…] “y, el tipo dice por ahí que habla siete lenguas, dice que es el primo de “Gaúcho da Fronteira [7]…Además de viejo es mentiroso! Dice que el Gaúcho quedó mal, que no tiene dinero para nada y que él le llevó unas bergamotas [8] al hospital. Capaz que el Gaúcho da Fronteira no va a tener dinero! Está allá, en el hospital Madre de Dios, uno de los mejores de Porto Alegre…Allá trabaja el Dr. Lucchese, uno de los mejores del estado!

Se puede decir que es una verosimilitud lo que está en juego en ese tipo de narrativa. Estructuralmente una o dos peripecias son fundamentales para definir una buena historia. Es razonable aceptar que alguien ya ocupó una posición de prestigio o que tuvo una buena carrera, pero que, en determinado momento inoportuno, todo se perdió: la sociedad quebró por causa de las oscilaciones de la economía o por un socio mal intencionado; la muerte del patrón de confianza y la consiguiente dimisión; el sistema de providencia social que falló en la resolución del valor correcto de la jubilación; una enfermedad o accidente de trabajo que provocó una invalidez. El éxito depende de las relaciones establecidas, de los proyectos bien hechos, del esfuerzo. Pero hay eventualidades del destino que interrumpen las iniciativas individuales – ocurrencias de suerte y azar. El asilamiento, así, depende de múltiples factores, de los cuales una parte significativa es ajena a las motivaciones de cada uno.
Las fantasías no implican necesariamente “mentiras o falsedades”, dado que no todas las invenciones son deliberadas. La imaginación es parte constitutiva de los juegos de memoria: todo recuerdo es organizado a través de relaciones imaginarias entre eventos, personajes y espacios sociales. La existencia, diría Gastón Bachelard (1994), es una dialéctica de recuerdos y contra recuerdos.. El resultado de ese proceso, que nunca cesa, son las imágenes, forma y contenido de la memoria, que son experimentadas subjetivamente, pero cuya constitución es colectiva y compartida.
En el Asilo Padre Cacique, la reinvención de trayectorias sociales parecía cumplir la importante función de definir dinámicamente la identidad a través de la narrativa. En ese sentido, los códigos de diferenciación/identificación configuraban criterios de verosimilitud lo mismo que categorías de acusación. “Mentira” y “fantasía” son términos que clasificaban las historias aparentemente falsas, que no correspondían a los códigos socialmente establecidos. “Mentir”  era el verbo aplicado a alguien que quería “llevar ventaja”, creando referencias no condicentes con la condición de vejez o con lo que era comunicado por el cuerpo. “Fantasear” definía una historia incoherente contada por alguien cuyo cuerpo comunicaba senilidad. En ese último caso, la invención podría ser considerada inocente, fruto de una mente que “está fallando”.
La jerarquía de edades fue otro importante factor de las relaciones identitarias en el asilo. Un hombre de 80 o 90 años debía ser respetado a pesar de sus fantasías y de sus incontinencias fisiológicas o emocionales. Lo que no significa que los códigos eran suspendidos una vez que la estigmatización estaba en juego. Pero hay que tolerar a los más viejos porque es el destino inevitable de todo asilado.
Algunos, como Joäo, preferían la muerte rápida a la senilidad. Era generalizada la aspiración de vivir el máximo de días, meses y años, pero con salud, sin la ocurrencia de isquemias o infartos. Ir a la enfermería significaba “traer incomodidad para los otros”, como dijo Joäo cierta vez.
La tolerancia con los más viejos o con los debilitados tenía su límite, revelado en los intercambios humorísticos. Los chistes, de mal gusto o no, refuerzan las diferenciaciones en el asilo –se distinguen los seniles y se afirma que la pérdida de conciencia está, por el momento, aún distante.
La ridiculización también es una manera de minar posiciones de prestigio: ser blanco de un chiste significa ser desplazado temporariamente de la jerarquía social. El estudiante, el voluntario o el funcionario podría ser “tirado abajo” por no saber interpretar los códigos de la cultura asilar. Así se invertían las relaciones de fuerza y un viejo podía aprovechar la ocasión para conquistar “una victoria en un espacio maravilloso, utópico” (De Certau, 1996, pág. 85)
La vejez masculina en el asilo también se definió por el sentimiento de honra, estrictamente ligado a la afirmación y  aplicación de los códigos y de las normas. Entre los hombres, los conflictos fueron fuertemente motivados por acusaciones de no respetar a los más viejos, voluntarios, funcionarios y las reglas de conducta establecidas por la institución. Una discusión sobre si las puertas y las ventanas deben o no permanecer cerradas resulta en la reubicación de uno de los antagonistas, lo mismo en las tentativas de reconciliación mediadas por el servicio social o por la dirección del asilo.
Muchas veces motivos banales terminaban sacando a la luz distinciones de clase, de gusto o de estilo de vida, tornando la convivencia inviable y definiendo la necesidad de un distanciamiento espacial.

3 El proyecto de ir a vivir al asilo también puede ser constituído por alguien que vive en la calle, solo, o en condiciones precarias de existencia.

4 Esos códigos de diferenciación/identificación se asemejan a los modelos de “auto-control”, propuestos por Norbert Elias (1994, pág. 201): son categorías para la adecuación social de los comportamientos y de las emociones que se tornan cada vez más automatizados en la medida en ue avanza el proceso civilizador, o sea, el proceso de constitución de sociedad occidental moderna, que, según el autor, aún está en curso.
Se trata de una “(…) compulsión real que el individuo ejerce sobre sí mismo, sea como resultado del conocimiento de las posibles consecuencias de sus actos, sea como resultado de gestos correspondientes de adultos que contribuyeron para modelar el comportamiento desde niño”

5 Me refiero aquí a las declaraciones de Ludovica Dechuta Ploharski y de Lidia Ferreira, habitantes del asilo en la época de la investigación.

6 Nota de traducción: El contador de fantasías (o mentiras) puede extenderse en su discurso, ya que sus pares o no dan crédito a los dichos, o no los “cortan” o “censuran”.

7 Intérprete y compositor gaucho, notable por sus canciones tradicionalistas.

8 Mandarina

03.24.08

Psicología.Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento”(1°), por Lucas Graeff.

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , a 5:54 pm por Myriam Noemí Petrongolo

Invito a todos ustedes a leer este material de investigación que trata sobre el envejecimiento asilar, llevado a cabo en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, por el psicólogo y antropólogo Lucas Graeff. Todo lo que pueda yo decir para aproximarlos al texto, creo que estaría de más y que podría decolorar la nitidez del trabajo. El mismo es de una lectura agradable y sencilla, de conceptos claros y ejemplos contundentes. De imprescindible lectura para todos los que están interesados en el envejecimiento humano en general y en las características particulares del envejecimiento en los asilos.

Este material que hoy publico con la autorización de su autor, es un hallazgo delicioso que me hizo conocer el Doctor en Psicología Ricardo Iacub (http://www.ricardoiacub.com.ar/) Profesor y Titular de la Cátedra de Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires. Él, siempre atento a las investigaciones que se desarrollan en el mundo, seguramente es conocido por ustedes a través de los artículos y las charlas que nos llegan periódicamente por diferentes medios de comunicación, acercándonos la divulgación de las mismas y aportando sus opiniones que, siempre nos dejan pensando… Desde aquí mi saludo y agradecimiento al Dr. Iacub.

 Las entregas de este trabajo de investigación, serán publicadas en cinco post numerados (como ya es costumbre) a fin de que sea más ágil su lectura. En éste (1°) presento la Introducción de “Instituciones Totales y la Cuestión Asilar”.

Que lo disfruten!

ESTUDIOS INTERDISCIPLINARIOS SOBRE EL ENVEJECIMIENTO

INSTITUCIONES TOTALES Y  LA CUESTIÓN ASILAR
Un Abordaje comprensivo

Lucas Graeff[*]

Resumen

Este es un estudio antropológico sobre el envejecimiento en contexto asilar, resultado de una investigación etnográfica desarrollada entre agosto de 2004 y diciembre de 2005 en el asilo Padre Cacique, en Porto Alegre-RS. Se propone una discusión sobre la Teoría de las Instituciones Totales a partir del análisis de las condiciones de vida y del proceso de envejecimiento de los residentes de aquella institución, con la finalidad de conocer sus prácticas, interpretar sus tiempos vividos, y comprender de qué manera esos viejos piensan sus experiencias y su vejez en el vivir cotidiano asilar.

Palabras clave: Instituciones. Cotidiano. Vejez.

1. INTRODUCCIÓN

Al contrario de varios artículos sobre la cuestión del envejecimiento poblacional en Brasil y de todos los autores que subrayan la construcción social del problema de la vejez y de la Tercera Edad aquí y en otros países del mundo, no voy a presentar datos del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE) o describir las diversas maneras de cómo tal “problema social” fue o está siendo construído. Opto por abrir este artículo a partir de una questión: por definición, se puede afirmar que todo asilo es una Institución Total? . Hago referencia, naturalmente, al texto clásico de interaccionismo simbólico titulado “Manicomios, Prisiones y Conventos”, escrito por Erving Goffman (1974). Un libro que viene sirviendo de base para buena parte de los análisis sobre el proceso de institucionalización en Brasil.
Así, sin jamás haber colocado un pie en un asilo y aceptando por definición su carácter totalitario, la teoría de Goffman me permitiría afirmar que tales lugares son espacios sociales cerrados, donde reglas minuciosas son puestas en práctica con el sentido de limitar y homogeneizar las actividades diarias de los internos. Ese esfuerzo de reducción sistemática de la autonomía individual, llevaría, gradualmente, a la “mortificación del yo” (Goffman, 1974); o sea : “la economía de acción del internado”, como describe el autor, se va tornando cada vez más estricta. En cuanto actor social, el conjunto de “papeles” con los cuales un anciano asilado podria contar en su “yo” se restringe en igual medida en que la institución es menos abierta al mundo exterior.
Lo que me parece más grave en el parágrafo anterior no es el número de “hechos” típicos que en un asilo se pueden encontrar a través de la teoría interaccionista, sino la propia posibilidad de analizar las condiciones asilares, sin jamás conocer el vivir cotidiano de una institución o las personas que allí habitan. Además, en la medida en que un encuestador, o alguien curioso se interesa por la cuestión asilar y los Manicomios, Prisiones y Conventos (Goffman, 1974) parece encontrar allí todas las interpretaciones posibles del comportamiento de ese “yo” institucionalizado, realizadas magistralmente por Goffman a partir de su experiencia en el St. Elizabeth’s Hospital, en Washington (EUA). Al final, así entre en contacto con una centena de “clínicas geriátricas”, de “casas de reposo” o de “hogares”, si no consigue separarse de las proposiciones interaccionistas, continuará partiendo de una misma ficción de origen, uniforme y explicativa –la Teoría de las Instituciones Totales-, para llegar, sistemáticamente, a las mismas conclusiones del autor canadiense.
Por ser partidario de un abordaje comprensivo de las ciencias humanas (Dilthey, 1992; Gadamer,1997; Geertz, 1989; Oliveira, 2003), prefiero suspender temporariamente las explicaciones totalizantes y buscar la composición de un mundo compartido, a partir del cual espero crear o profundizar una perspectiva sobre un determinado fenómeno social. Fue lo que procuré hacer durante la investigación etnográfica desarrollada entre agosto de 2004 y diciembre de 2005 en el asilo Padre Cacique, en Porto Alegre (Graeff, 2005)
Durante los dieciséis meses de idas y venidas a la institución, me interesé por cómo las personas que vivían allí[1] comprendían la experiencia de envejecer en contexto asilar, teniendo en consideración la ruptura con grupos y espacios sociales de referencia, el alejamiento o la muerte de parientes, amigos o vecinos, la pérdida de la posición en la jerarquía social, resultado de proyectos familiares o individuales fracasados, las modificaciones físicas y el extrañamiento del propio cuerpo; en fin, hechos concretos y representaciones de vejez institucionalizada que eran parte del contexto cultural del asilo Padre Cacique en el momento de la investigación.
El objetivo de este artículo es, por lo tanto, describir y sistematizar las diversidades de los encuentros que pude realizar con los moradores del asilo Padre Cacique, durante el tiempo vivido con ellos, en el desarrollo del trabajo etnográfico. Una diversidad que debe servir de contrapunto a las explicaciones fáciles, -y, a veces, gratuitas- de quien percibe el proceso de asilamiento a través de una perspectiva unilateral fundada en el interaccionismo simbólico. Vale recordar, sin embargo, que la comprensión de la cuestión asilar aquí, no inviabiliza necesariamente a la Teoría de las Instituciones Totales,-aunque lo contrario tiene la costumbre de acontecer.
Para la realización de la etnogtafía me fue necesaria la permanencia diaria en el asilo. En los primeros meses priviligié la escucha de conversaciones fortuitas entre los internos y los funcionarios, tanto como la observación de las maneras de ocupar o habitar los espacios institucionales. Me interesé igualmente por las trayectorias sociales de los ancianos y ancianas, y, a partir de entrevistas no dirigidas realizadas con tres hombres y tres mujeres, procuré comprender la organización de la identidad social en el asilo, a través de las narrativas. Durante la encuesta percibí la importancia de los armarios en cuanto espacios de intimidad y de mantenimiento o transformación del “yo”, lo que me llevó a realizar nuevas entrevistas en ese micro contexto.
Vale recordar que utilicé técnicas audiovisuales durante toda la etnografía, especialmente la fotografía, lo cual ayudó a establecer un sistema de trueque y a negociar mi identidad de investigador [2]. Las tres partes de este artículo están relacionadas a esas diferentes capas de experiencia etnográfica.

[*] Psicólogo y Antropólogo. Master en Antropología por la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS). Doctorando en Antropología por la Universidade de París V-Renée Descartes.
E-mail: lucasgraeff@gmail.com

[1] Lamentablemente, no procuré profundizar la relación con los funcionarios y voluntarios durante aquella investigación, lo que yo considero fundamental para una comprensión más global de la experiencia de envejecer en el asilo.

[2]Los límites de este artículo no me permiten discutir con profundidad el uso de técnicas audiovisuales en Antropología, como procuré hacer en mi disertación de Maestría (Graeff, 2005)

03.08.08

Psicología de la Tercera Edad. Depresión. Ansiedad. Terapias alternativas: Pet Therapy.

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , a 1:40 am por Myriam Noemí Petrongolo

AMIGOS DE CUATRO PATAS

Traducción de un fragmento del artículo “Amici a cuatre zampe”, tomado de: http://www.aging.it/

En tiempos recientes los gerontólogos han descubierto que la presencia de animales de compañía puede ser muy ventajosa para las personas ancianas.
El rapport que viene a establecerse entre el anciano y su gatito, o, entre él y su perro, ayuda a vencer la soledad, eleva la moral, fortalece la motivación para desarrollar alguna actividad y para estar más dinámicos; el hecho de poder hablarle al propio animal, teniendo además la sensación de ser entendido, es una buena válvula de escape para las amarguras reprimidas, y puede ayudar a superar algunos estados psicológicos negativos, de apatía y de depresión o de ansiedad y de irritabilidad.
Con el mejoramiento del tono del humor se puede rebajar y evitar esa depresión preocupante. Estudios recientes demuestran que la interacción entre hombre y perro favorece la liberación, en el cerebro, de algunos neurotransmisores (dopamina y beta-endorfina) explicando así, también desde el punto de vista científico, todos los efectos beneficiosos que estamos describiendo..
Los animales, además, escuchan sin responder y siempre están apegados a su dueño, aún si este último no está de buen humor, es ciego, es sordo, ha perdido su autonomía, ha perdido su memoria o cualquier otra facultad intelectual. No sólo eso: el hecho de tener en casa un pequeño animalito motiva hacia la acción: para cuidarlo, para acudirlo, para llevarlo al paseo cotidiano; y todo ello consiente con el transcurrir parte de la jornada en actividad y el mejorar la movilidad del sujeto.
Esta nota positiva no debe hacer pensar que este tipo de terapia sea indicada para todos los ancianos. Algunos de ellos ven a los animales con indiferencia, y en este caso el resultado puede ser negativo. Es necesario, además, tener en cuenta los inconvenientes que pueden derivar de poseer un animal doméstico, en cuanto a la necesidad de acudirlos y de curarlos si enferman. Por tal motivo, el anciano debería poder contar siempre con una persona a la cual confiar el propio animal de compañía,.en caso de indisposición o de ausencias prolongadas (como viajes, por ejemplo)
La idea de la “Pet Therapy”, -o sea de la cura de algunas patologías mediante animales domésticos- no es reciente, data del 1792, época en la cual algunos médicos ingleses constataron que la presencia de perros de compañía en los manicomios, podía ser ventajosa en pacientes con patologías psiquiátricas.
En algunos centros geriátricos, que hospedan también ancianos no autosuficientes, la “Pet Therapy” fue introducida como método de cura, utilizando perros de la raza Golden Retriever, adiestrados para este propósito y controlados desde el punto de vista veterinario: se trata, en efecto, de animales dóciles, inteligentes, obedientes y particularmente pacientes, aún con enfermos que podrían comportarse de modo amenazante.
Naturalmente cualquier animal es bueno, porque lo que cuenta es el rapport que viene a instalarse entre cachorro y dueño.

12.17.07

Psicología. Enfermedades Crónicas y Tercera Edad. La diabetes. (4º)

Publicado en Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , , , a 9:27 pm por Myriam Noemí Petrongolo

En esta última entrega de “Enfermedades Crónicas y Tercera Edad. La diabetes”, desarrollo el marco teórico que me sirvió de base para la elaboración de todo el trabajo. Ojalá hayan encontrado desde el post nº 1 hasta este 4º un desarrollo coherente y útil para trabajos posteriores.

Desde ya gracias por leerme y por los mails que llegaron con apoyo y felicitaciones de colegas, grupos y pacientes.

MARCO TEORICO
El marco teórico general en el que se encuadra este tipo de trabajo corresponde a la Psicología Comunitaria, “cuyo objeto de estudio son los grupos en situación de desventaja, el objetivo es el cambio de las condiciones adversas que padecen, por medio de estrategias que implican la intervención del psicólogo como facilitador del cambio” (Sánchez Vidal, 1991)
La orientación biopsicosocial provee una integración holística, con igual ponderación de los aspectos biológicos, psicológicos y contextuales tanto en la presunción de los diagnósticos como en las modalidades de tratamientos; a la vez que enfatiza el rol activo que el individuo posee en el cuidado de su salud (Moos, 1989). Las intervenciones psicosociales con los programas de educación del paciente, “aumentan el conocimiento sobre la enfermedad, reducen la ansiedad y aumentan los sentimientos de determinación; reducen el dolor y mejoran las expectativas del paciente respecto del significado de su vida” .
Cualquier enfermedad está definida como crónica si tiene una duración mayor a seis meses.
Las enfermedades crónicas no son privativas de una franja etárea en especial (la diabetes es un buen ejemplo de ello), pero con el aumento en años de la expectativa de vida, las enfermedades crónicas incrementan su prevalencia.
Biegel (1991) adjudica lo antedicho a la disminución de las enfermedades infecciosas por avances de la farmacología y la inmunología; y a la disminución del índice de mortalidad que llevan a edades de la población más avanzadas.
Según la clasificación de Rolland referente a las fases temporales de estas enfermedades, este grupo se encuentra en la fase crónica de su enfermedad crónica, -que es intermedia entre la de diagnósico y la terminal-, en la que puede haber estabilidad o progresión, pero que implica el  “vivir cada día con la enfermedad”, y las familias pueden encontrar un “modus operandi” aceptable a los integrantes, mientras se mantiene el “semblante de una vida normal, bajo la anormal presencia de la enfermedad crónica” , que afecta , entonces, a los enfermos y a las familias: irrumpe y conlleva  una crisis, en tanto los modos de funcionamiento familiar –ante la enfermedad- pueden dejar de ser útiles y necesitan producir cambios en los roles y funciones, en pos de una adaptación a este nuevo estado de cosas. En esta fase crónica de la enfermedad es esperable -según el mismo autor-, que la familia se vea afectada a un movimiento centrípeto, debido a la socialización hacia la enfermedad, (movimiento hacia adentro que hace que se desdibujen los límites interpersonles entre sus miembros) y que puede interferir conflictivamente si la familia se encontraba en un período vital centrífugo: o sea, en un período donde “la frontera familiar externa se pierde”; “una distancia no patológica entre sus miembros se incrementa”, y “se enfatiza el intercambio con el ambiente extrafamiliar”
La red social personal se ve afectada negativamente por la irrupción de una enfermedad crónica en uno de sus miembros, a la vez que, también influye sobre la salud del enfermo; constituyendo entre ambos círculos virtuosos o viciosos de interrelación.
Entendemos, con Sluzki, a la red social como la “suma de todas las relaciones que un individuo percibe como significativas o define como diferenciadas de la masa anónima de la sociedad.” (Sluzki, 1996). “El tipo prevalente de intercambio interpersonal entre los miembros de la red determina las llamadas funciones” : compañía social, apoyo emocional, guía cognitiva y consejos, regulación social, ayuda material y de servicios, acceso a nuevos contactos; algunas de ellas -las que han surgido en la experiencia grupal- están comentadas en este trabajo.
“Sentirse acompañado estimula la cooperación y redunda en la práctica de conductas saludables, una mayor adhesión a los tratamientos, evita la depresión y revitaliza o genera una red social de apoyo eficaz” 
Las redes sociales eficaces tienden a disminuir el sentimiento de soledad entendido como “el sentimiento prolongado, desagradable, involuntario, de no estar relacionado significativamente o de manera próxima con alguien (…) se trata de una apreciación subjetiva, es decir que la persona se siente sola” .
En cambio “el aislamiento se remite a  aspectos objetivos, de estar separado de otros, la pérdida de la comunidad” .
La teoría del apego de Bowlby viene a introducir otra perspectiva a las consideraciones sobre la soledad.
El apego a alguien significa que se está “…absolutamente dispuesto a buscar  la proximidad y el contacto con ese individuo” “…la disposición para comportarse de esa manera es un atributo de la persona apegada” “…atributo persistente que cambia lentamente con el correr del tiempo”  y la conducta de apego se refiere a “cualquiera de las diversas formas de conducta que la persona adopta para obtener y/o mantener una proximidad deseada”
Este autor sostiene que el estilo de apego (Aisnworth, 1978)  parece mantenerse a lo largo de la vida, a modo de matriz o modelo que se repite en los vínculos intrapersonales. Un apego seguro –dice Bowlby- hace que la persona pueda desarrollar más confianza en sí misma.
El trabajo comunitario con los grupos -además de lo ya desarrollado- propone estrategias que apuntan a concientizar al enfermo sobre participar activamente de su salud y a vivir con la enfermedad, adherir al tratamiento médico, aprender habilidades para fortalecer el afrontamiento de estresores internos y externos.
El afontamiento es definido por Folkman y Lazarus como “esfuerzos, orientados tanto hacia la acción como intrapsíquicos, para manejar (es decir, tolerar, reducir, minimizar) las demandas ambientales e internas y los conflictos que surgen entre ellas” . Los mismos autores indican que no existen estresores “per se”, sino que los mismos son así categorizados por la evaluación cognitiva de cada sujeto. La valoración primaria indica la valoración que se otorga al evento (amenaza, desafío, indiferencia) y la secundaria evalúa los recursos con que se cuenta para hacer frente al evento evaluado como estresor. La valoración se mantiene durante todo el proceso de afrontamiento y constituye un sistema de retroalimentación. En este sentido la relación con el concepto de “percepción de autoeficacia” de Bandura se hace evidente: si la persona cuenta con una buena dosis de percepción de autoeficacia (autoeficacia de media a alta), no sentirá como amenazante su mundo circundante (o lo sentirá mucho menos), con lo cual, no evaluará como peligrosos los estímulos y no desarrollará distress; o bien, aumentará su percepción de autoeficacia ante afrontamientos exitosos. (Bandura, 1992). Existen dos formas de afrontamiento: basado en el problema y basado en la emoción (en ésta se incluye la búsqueda de significado). En cambio las estrategias –que se diferenciarán de tareas adaptativas que los enfermos deben poner en práctica- son múltiples y existen diversas clasificaciones de ellas.
El dispositivo de trabajo grupal, además de propiciar nuevas y mejores maneras de afrontamiento, hace que los integrantes reproduzcan el sentimiento de competencia y autoeficacia, compartan experiencias, puedan notar que hay otras personas tanto o más afectadas que ellos, que la enfermedad no es un castigo, sino que afecta a un porcentaje poblacional determinado , a la vez que permite el aprendizaje vicario .

BIBLIOGRAFIA:

-Bandura, Albert;  Autoeficacia: como afrontamos los cambios de la sociedad actual. Editorial Desclee de Bruwer.
-Biegel, D.; Sales, E.; Schulz, R.; Family Caregiving in Chronic Ilness, USA, Sage Publicacions, 1991.
-Bowlby, J.; “Una base segura”. Ed. Paidós, 1989.
-Burrows, G.D. ; Lipsitt, Don R. (eds). Handbooks of studies on general hospital psychiatry, Elsevier. New Cork, 1991. (traducción)
-Folkman, S.; “Nuevas perspectivas sobre el afrontamiento: lecciones de las personas que cuidan pacientes con Sida”. Psicología del Fin de Siglo. Caracas, 1999.
-Lazarus y Folkman; “Estrés y Procesos Cognitivos” Cap. 1. Editorial Martinez Roca
-Moos, Rudolf H.; “Coping with Phisical Illness”, New York, Plenum, 1989 (traducción)
-Power, P.W. ; “Family coping with illness and rehabilitation “. en Judd,F.K. ; Rolland, J.; “Families, illness and disability“. Basic Books. New York, 1994.
-Taylor y Aspinwall; “Aspectos psicosociales de la enfermedad crónica”. Traducción. 
-Seidmann S. y Cols.; “Cuidando a un familiar enfermo”. IX Anuario de investigaciones, Facultad de Psicología, U.B.A., 2002.
-Seidman y Muchinik (1998); “Aislamiento y soledad”. Eudeba. Bs. As.
-Sluzki, C.; “La red social: la frontera de la práctica sistémica”. Gedeisa. Barcelona.

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