10.25.09
Psicología. Adultos Mayores. Boletín INADI.
“Presentan cuadernillo para erradicar prejuicios
Contra la discriminación de las personas mayores
Varios son los prejuicios hacia las personas mayores que aún siguen vigentes, a pesar de la sobrada evidencia que los desmienten, por parte de estudios científicos como en el trato cotidiano. Estas representaciones sociales negativas atentan contra un proceso de envejecimiento activo y saludable, y de allí la necesidad de derrumbarlas y trabajar en pos de una sociedad para todas las edades, libre de discriminación.
El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) presentó recientemente el cuadernillo “Prácticas no discriminatorias en relación con adultas y adultos mayores”, en el I Congreso de la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El documento fue elaborado por las/os profesionales que trabajan en el área de Adultas/os Mayores de la Red Nacional de Investigadoras/es contra la Discriminación del organismo.
Las/os autores del cuadernillo son: el doctor en Psicología y profesor asociado a cargo de la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la UBA, Ricardo Iacub; y las licenciadas Irene Castro, Myriam Petrongolo y Clara Tuchmann, ayudantes de Trabajos Prácticos de la cátedra.
“Este material se produjo con la participación y la escucha de las propias personas mayores por parte del grupo de investigadores del INADI y está destinado personas que trabajan con adultas/os mayores, funcionarios públicos, áreas que se encargan de la creación de programas de políticas públicas, centros de salud” y a la comunidad en general a fin de erradicar la discriminación por razones de edad, señaló a este diario la titular del INADI, María José Lubertino.
Asimismo, Lubertino destacó que en el organismo hay un área específica que impulsa políticas públicas para Adultas/os Mayores, un Foro de Adultas/os Mayores y a medida que se fueron abriendo delegaciones del INADI en distintos lugares del país se creó la Red Federal de Adultas/os Mayores.
El documento se lo puede conseguir en las delegaciones del organismo o en la página de Internet www.inadi.gov.ar Consultas a la línea gratuita 0800-999-2345.”
(Tomado textualmente de Diario Popular de fecha 24/10/2009. Cortesía de la redactora responsable: Natalia Muñiz)
07.27.08
JORNADAS DE CAPACITACION. CATEDRA “PSICOLOGIA DE LA TERCERA EDAD Y VEJEZ” (UBA) 2008
Ya está publicado el programa de las VIII Jornadas de Capacitacíón de la Cátedra “Tercera Edad y Vejez” de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, a realizarse el dìa sábado 2 de agosto de 2008, bajo la dirección del Titular de Cátedra Dr. Prof. Ricardo Iacub.
Reitero mi agradecimiento para todos los que apoyan estas instancias de intercambio y ya han confirmado su participación. Especialmente a los que se acercan desde el exterior (Uruguay, Brasil) y desde el interior de nuestro país.
Mi participación, compartida con la Lic. Margarita Cacurri y la Lic. María Victoria Salamé, dos colegas de la cátedra, en el Taller 1 “¿Es posible el bien-estar en la vejez? Herramientas e intervenciones en el trabajo con viejos” irá de 11.45 a 13.15 horas. Nos acompañará la Lic. Luisa Perversi, quien expondrá su experiencia de trabajo en geriátricos. Nos vemos allí !!!
Algunas especificaciones para esta jornada están publicadas en el post anterior. Para acceder al programa completo puede ingresar a: www.psi.uba.ar o puede hacer click aquí
07.02.08
Jornada de Capacitación de la Cátedra de Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) 2008
El sábado 2 de agosto de 2008, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, se realizará la VIII Jornada de Capacitación de la Cátedra de Tercera Edad y Vejez, cuyo titular es el Dr. Ricardo Iacub, ya conocido por todos los profesionales que se dedican al trabajo con los Adultos Mayores.
La organización será en conjunto con la Secretaría de Extensión, Cultura y Bienestar Universitario, cuyo secretario, Lic. Jorge Biglieri, ofrecerá las palabras de apertura.
La jornada, este año más extensa, de 8.30 a 19.30 hs., se desarrollará en paneles y talleres simultáneos. El programa definitivo lo publicaré en un próximo post, enlazado a la página web de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
Como seguramente van a querer conocer el temario por adelantado, les puedo contar que la conferencia inicial tiene como título: “La vida es bella en la vejez: el desafío de una estética de la existencia” y estará a cargo del Dr. Iacub.
Habrá tres paneles simultáneos en cada turno. Los de la mañana: ”Es posible el bienestar en el envejecimiento?”, “Sobre cuidados y cuidadores” y “Aspectos cognitivos del envejecimiento”. Los de la tarde: “Espiritualidad, religiosidad y trascendencia”, “Nuevos planteos psicoterapéuticos” y “Estilos de vida”.
Los talleres simultáneos serán cuatro en cada turno y estarán relacionados con la temática abierta en los paneles previos.
Para los que quieran escuchar mi aporte, pueden buscarme a las 11.45 hs. en el Taller “¿Es posible el bien-estar en la vejez? Herramientas e intervenciones en el trabajo con viejos. Acerca del bien-estar en diversos contextos: el Geriátrico, el Hogar de día y la Asistencia en Domicilio”, espacio que comparto con dos colegas de la cátedra y una invitada de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La presentación de posters se realizará de 15 a 16 hs. entre turnos, después del almuerzo. Las palabras de cierre, a las 19.15 hs., estarán a cargo de las autoridades de la cátedra.
LOS ESPERAMOS!!!!!
05.13.08
Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente.”Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (5°), por Lucas Graeff
Llegamos al último post de esta serie; aquí las conclusiones del autor, Lucas Graeff, el corolario de todo su trabajo de investigación y las referencias bibliográficas utilizadas.
El mayor de los agradecimientos al autor, nuevamente, por haber permitido publicar su trabajo; y más aún al Dr. Ricardo Iacub (www.ricardoiacub.com.ar), quien, con su espíritu innovador y original, nos acerca siempre materiales abiertos a nuevas visiones (como éste aquí publicado) aportando visibilidad a las diversidades teóricas.
5. CONCLUSIÓN
Contextualizar a los moradores del Asilo Padre Cacique en el cuadro de sus dramas y de su vida cotidiana, cuestiona la construcción social de algunas representaciones compartidas sobre el asilamiento en el Brasil. Una de ellas se basa en la premisa de la “mortificación del yo” causado por el carácter totalizador de cualquier institución dedicada a la vejez. Cuando Erving Goffman (1974) formuló su teoría, las sociedades disciplinarias aún estaban en su apogeo (Deleuze, 2000) y, de hecho, el individuo no cesaba de pasar de un espacio cerrado a otro – de la familia a la escuela, de la escuela a la fábrica, de la fábrica al hospital o, eventualmente, a la prisión o al asilo.
Las instituciones totales eran proyectos de confinamiento por excelencia, con el objetivo de concentrar en el espacio, ordenar en el tiempo, centralizar la autoridad y racionalizar los esfuerzos. En la contemporaneidad, esas mismas sociedades disciplinares se transforman tornándose “reflexivas” o “complejas” [11]: los actores sociales se ubican en experiencias diversificadas, cruzando hechos y visiones del mundo contrastantes, demarcando, así, proyectos y trayectorias sociales que son significadas como singulares (Velho, 2004). Es en ese contexto ideológico es que la premisa de la “mortificación del yo” debe ser pensada críticamente.
Dada la política de apertura que estaba siendo aplicada por la dirección, el Asilo Padre Cacique no puede ser definido fácilmente como una “institución total”. El control social aplicado en ese micro-universo simbólico enfrentó resistencias y sufrió cambios, como en los criterios de selección y en los horarios de visitas, pasando por la invitación a la participación de familiares y voluntarios en el día a día y en las fiestas del Asilo, hasta las pequeñas modificaciones en los cuartos, cada vez menores, privados, proporcionando espacios de intimidad.
El Asilo Padre Cacique es parte de un conjunto de reflexiones y acciones dedicadas a la vejez y su política no puede ser comprendida como un hecho aislado. En el mismo período en que venía abriéndose, circulaban en medios de comunicación y televisivos y en los medios académicos y profesionales dedicados al envejecimiento, una serie de ideas-valor que configuraban el discurso de la Tercera Edad. En esa época también fue promulgado el Estatuto del Anciano en el Brasil, que viene sirviendo como instrumento de reivindicaciones políticas y para el propio Estado, que se apoya en la Ley para fiscalizar las instituciones filantrópicas, religiosas y privadas de amparo a la Vejez y a la Tercera Edad. Por lo tanto, si la política de apertura del Asilo puede considerarse pionera, ella es absolutamente coherente con el contexto socio.político en que estaba inserta.
Desde tales consideraciones se sigue que el propio carácter de las instituciones dedicadas a la vejez está siendo redefinido. Frente a los cambios, nuevas premisas y conceptos precisan ganar espacio para que otras dimensiones de la experiencia de envejecer en el asilo puedan ser interpretadas. Los tiempos vividos en los espacios sociales y las memorias narradas son fundamentales para contraponer críticamente la premisa de la mortificación del yo. Habitar los lugares, reinventar o “fantasear” la trayectoria social y establecer nuevas relaciones de sociabilidad configurarán situaciones singulares, más complejas que esa “burla ritual de poseer un yo” de la teoría interaccionista (Geertz, 1989) Prefiero hablar de un movimiento de afirmación de diferencias, más que de un simple juego entre aquello que es impuesto por la institucionalización y lo que es negociado estratégicamente por los actores.
La teoría de las Instituciones Totales debe ser asumida en cuanto tal: como una herramienta conceptual que contribuye para comprender el drama del asilamiento y para criticar el carácter totalitario de determinadas gestiones. Mas hay otros aspectos de la cultura asilar, muchos de ellos también dramáticos, que no pueden ser interpretados o explicados exclusivamente a través de esa teoría. –los peldaños de la vejez, que son maneras de vivir y de resignificar la condición de asilamiento, los ritmos cotidianos, que conforman temporalidades propias en la cultura asilar, y las narrativas de los viejos, sujetos de experiencias singulares, que realizan un esfuerzo sistemático de dar sentido a sus experiencias.
Las imágenes de la vejez institucionalizada, en cuanto construcciones sociales, también se vienen transformando. Las descripciones etnográficas presentadas aquí no deben servir como negación de hechos concretos ligados a imágenes como la exclusión social, la pauperización y el abandono familiar. Su objetivo fue presentar el trabajo que los moradores del Asilo Padre Cacique realizaron para resignificar sus trayectorias e identidades sociales y para afirmar la dignidad de sus condiciones de vida. Ese esfuerzo sólo es visible cuando un investigador acepta participar, aunque temporariamente, del mundo de la vejez y de sus capas de sentido.
Fue fundamental soportar los “ritmos de la eternidad” del asilo, con sus raras series de acción y tragedias cotidianas [12]. La transformación epistemológica propiciada por la etnografía, siempre fundada en categorías y conceptos antropológicos, renovó la cadencia de esos ritmos. Junto con el tiempo las imágenes se transformaron: percibí las redes sociales aparentemente inexistentes y comprendí la dimensión social de los conflictos y la diversidad de las experiencias vividas en el interior de la institución. Así, la heterogeneidad de la cuestión asilar se impuso, invitándome a pensar. Queda hecha la misma invitación para el lector.
[11]Sin entrar en los méritos de la larga e importante discusión que viene ocupando a los científicos sociales e historiadores (Giddens, 1994; Kuper, 1998; Velho, 2004; entre otros), sobre definiciones de centro vs periferia, sociedades complejas vs simples, etc., el dato fundamental aquí es la propia transformación
[12]¿Hay, de hecho, trajedia mayor que ser derribado por el propio cuerpo debilitado?
REFERENCIAS
BACHELARD, Gaston. A dialética da Duraçäo. 2 ed.Säo Paulo: Ática, 1994
BACHELARD, Gaston. A Poética do Espaço. Säo Paulo: Ática, 2000.
BENJAMIN, Walter. Magia, Técnica, Arte e Política: ensaios sobre literatura e história da cultura. Säo Paulo; Brasiliense, 1996.
BOURDIEU, Pierre. Razöes Prácticas. 3 ed. Campinas, 2001
DEBERT, Guita Grin. A reinvençäo da Velhice: socializaçäo e processos de reprivarizaçäo do envelhecimento. Säo Paulo: EDUSP, 1999.
DE CERTEAU, Michel. A invençäo do Cotidiano: artes de fazer. 2 ed. Petrópolis: Vozes, 1997
DELEUZE, Giles. Conversaçöes. Rio de Janeiro. Ed 34, 2000
DILTHEY, Wilhelm. Critique de la raison historique. Paris: Le Cerf , 1992
ELIAS, Norbert. A Sociedade de Corte. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 1994
FERREIRA, María Leticia Mazzucchi. Folheando o Pasado: estudio antropológico sobre memória e identidade social na velhice. 1995. 215 f. Dissertaçäo (Maestrado) – Universidade Federal do Rio Grande do Sul . Instituto de Filosofía e Ciéncias Humanas. Programa de Pos-Graduaçäo em Antropologia Social. Porto Alegre, 1995.
GADAMER, Hans-Georg. Verdade e Método. Petrópolis: Vozes, 1997
GEERTZ, Clifford. A Interpretaçäo das culturas. Rio de Janeiro: LTC, 1989.
GIDDENS, Anthony. Living in a Post – Traditional Society. In: BECK, Ulrich; GIDDENS, Anthony; LASH, Scott. Reflexive Modernization. Cambridge: Polity Press, 1994. P. 56 – 109
GOFFMAN, Erving. Manicömios, Prisöes e Conventos. Säo Paulo: Perspectiva, 1994.
GRAEFF, Lucas. O “Mundo da Velhice” e a Cultura Asilar: estudio antropológico sobre memória social e cotidiano de velhos no Asilo Padre Cacique, em Porto Alegre. 2005 172 f. Dissertaçäo (Mestrado em Antropologia) -Instituto de Filosofia e Ciéncias Humanas, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, 2005. Disponivel em: <http://www.bibliotecadigital.ufrgs.br/da.php?nrb=000515601&loc=2006&l44bt702768b2fa32>. Acceso em: 12 mar. 2007.
HALBWACHS, Maurice. Memória Coletiva. Säo Paulo:Vértice, 1990.
KUPER,Adam. Among the Anthropologists.: history and context in Antropology. London: Ayhlone Press, 1998.
LE BRETON, David Antropologie du corps et modernité. 4 ed. París: PUF, 2005.
OLIVEIRA, Roberto Cardoso de. Sobre o pensamento Antropológico. Rio de Janeiro: Tempo Brasileiro, 2003.
SAHLINS, Marshall. Ilhas de História. Rio de Janeiro: Zahar, 2004.
TURNER, Víctor. From ritual to Theatre: The human seriousness of play. New York: PAJ, 1982.
VELHO, Gilberto. Individualismo e Cultura: notas para una antropologia da sociedade contemporánea. 7 ed. Rio de Janeiro: Zahar, 2004.
Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (4°), por Lucas Graeff
Este cuarto post de la serie “Instituciones totales y la cuestión asilar”, nos acerca a las narrativas y las producciones de sentido que el investigador Lucas Graeff pudo recoger durante su estadío en el asilo Padre Cacique; a la vez que nos muestra las diversas maneras en que los residentes reconstruyeron historias y trayectorias de vida.
4. LAS NARRATIVAS Y PRODUCCIÓN DE SENTIDO
Es una tarea irrealizable la tentativa de recomponer los ritmos de las narrativas en el papel. Se pierden las “performances”, con sus gestos, suspiros, excitaciones y silencios y se fijan grandes divisiones –“en tiempos de Getúlio”, “en mi época”, pero el esfuerzo total realizado por el pensamiento se acaba perdiendo. El ritmo de lectura no es igual al de escritura, ni el del oyente al del narador. Ordenarlos y componerlos es un desafío sistemático de interpretación y comprensión. Es preciso buscar otros medios de significación, componer imágenes, sonidos, música y escritura [10]. Al fin se sugiere que todos los ritmos transcriptos no traducen, de hecho, aquellos de la experiencia de envjecer en el asilo. Sirven, por eso, como recursos múltiples de la imaginación.
La dinámica interactiva de las entrevistas coloca al viejo en posición de prestigio social, lo que implica una conciencia de responsabilidad de transmitir valores y perspectivas sobre el mundo y sobre el asilo: el viejo recupera, así, su condición de pertenencia afectiva a la comunidad de recuerdo. En esos términos, la narración de las trayectorias sociales no lleva al acceso de capas de memoria colectiva, pero agrega densidad a ellas. La percepción de continuidad social fue fortalecida – “mi tiempo pasó, pero tú estás todavía en la lucha”, como confesó Pedro, insistiendo que era preciso retomar una relación con un político local para ayudar a la divulgación del trabajo antropòlógico.
En palabras de Pierre Bourdieu (2001), la creación de sentido por medio de la biografía o narrativa es siempre un “artefacto”. En él se depositan los contenidos sociales que definen las condiciones de transmisión de experiencias. Recordar es un proceso que sigue demarcaciones socialmente compartidas –“en la sociedad están todas las indicaciones necesarias para reconstruir (…) las imágenes de los acontecimientos pasados” (Halbwachs, 1990, pág. 77). Al recuperar las singularidades del proceso de envejecer en el asilo, los artificios biográficos también revelan las direcciones y contra-direcciones de la memoria colectiva y la operación de unificación, dada por el pensamiento, que articula diferentes acciones y circunstancias según órdenes socialmente compartidas.
Recuperar las trayectorias sociales en el vivir cotidiano asilar a través del trabajo de la memoria tiene como finalidad la propuesta de instantes privilegiados, donde los ancianos podrán reconstituir las existencias de sus tiempos vividos a través de las narrativas. Con sus silencios, olvidos y actuaciones, el narrador procura salvar los sentidos de la experiencia (Benjamín, 1996) entrelazando incesantemente un conocimiento sobre sí mismos y sobre el mundo. Una situación de reciprocidad, de interlocución, es fundamental para la transmisión de las formas de existencia social y para el encuadre social de los recuerdos: los relatos son pensados cuidadosamente por el narrador, de acuerdo con las variaciones de entusiasmo e interés del oyente. Reconstruir la existencia es atravesar las ambigüedades, las lagunas y los olvidos que fragmentan la identidad social transformando la imagen de sí a través del trabajo de la memoria.
Pedro narró momentos excepcionales como si constituyesen una epopeya, exaltando sus acciones, los infortunios y las peripecias de la ocasión. Su habilidad poética resulta en una experiencia de continuidad: al construir un personaje, él organizó su identidad y procuró asegurar su autoridad para dar consejos sobre roles sociales y estilos de vida en el mundo de la vejez.
Al manipular su estigma, saltando con las palabras, cantando y danzando, Marieta configuró una identidad narrativa singular, lúdica. Sin abrir más que una táctica cotidiana fundamental –la afectividad y seducción a través de sus músicas- ella procuró mantener su proyecto de retornar a su casa y a la comunidad.
Azevedo eligió el subsuelo del asilo como su espacio afectivo actualizando su identidad de “socio de la soledad”, músico y compañero fraternal de los necesitados. El reconstruyó su historia y, a través de ella, procuró justificar sus interpretaciones sobre la cultura asilar, tornándose un cronista del asilo. El fue uno de los pocos moradores que narró su ciclo de vida, lo que lo inscribe, casi naturalmente en una cultura de clase media (Velho, 2004) generalmente ausente de las representaciones sobre la vejez pobre y asilada en el Brasil.
En la sala de visitas Luduvica realizaba la mediación entre visitantes, voluntarios y moradores del asilo, administrando la sociabilidad y el entretenimiento. En la narrativa ella utilizó categorías de Tercera Edad para interpretar a los colegas de la institución. Cotidianamente se posicionó como portavoz de las actividades lúdicas y colaboró activamente en el cuidado con los “viejitos”, distinguiéndose de ellos.
A través de la literatura Rui dio continuidad a un estilo de vida de formación cultural, al cual no tendría acceso de no haber sido por su desempeño como librero. Comercializar libros fue una oportunidad de circular entre grupos sociales. El organizó una narrativa heroica , mezclando una serie de tácticas cotidianas para vender libros prohibidos durante la dictadura militar. El enfatizó su gusto por películas, relacionándolas a recuerdos de su infancia y juventud.
Mezclando los recuerdos de modificaciones espaciales y los de las relaciones afectivas, Lidia testimonió cambios significativos en el Asilo Padre Cacique. A pesar de la pérdida gradual de la visión, ella aún fue capaz de recuperar imágenes y recuerdos que contrastaban con la condición presente del asilo. En su cuarto, nadie podía faltarle al respeto: las relaciones afectivas mantenidas a lo largo de los años le aseguraban autoridad por el afecto.
Al favorecer la diversidad de sentidos, las entrevistas no directivas sobre las relaciones entre la trayectoria social y el cotidiano asilar, acabaron por formalizar un “ritmanálise” (Bachelard, 1994). Durante los juegos de memoria, los viejos encuadraban por el pensamiento la acción real del tiempo –que marca inexorablemente el cuerpo- a través de la riqueza de pasajes afectivos, de las coincidencias vividas y de las peripecias. Prudentemente se creó una condición de reposo capaz de atravesar los ritmos cotidianos y de asegurar una posición diferenciada, a partir de la cual pudieron, de hecho, afirmar su inteligencia narrativa.
[10]La disertación de maestría que resultó de la investigación etnográfica, contiene un capítulo en video, dedicado al estudio de los armarios, además de un conjunto de 40 fotografías que procuran restaurar imaginariamente los diversos espacios del Asilo Padre Cacique. Puede ser consultado en la Biblioteca Sectorial de Ciencias Sociales y Humanidades de UFRGS
04.20.08
Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (3º), por Lucas Graeff
Los ritmos personales e institucionales del envejecimiento en el asilo, son el núcleo de este tercer punto (post nº 3) en la investigación “Instituciones totales y la cuestión asilar” que el psicólogo y antropólogo Lucas Graeff ha realizado en el asilo Padre Cacique de Porto Alegre, Brasil; quien, amablemente, nos permite su publicación en este blog.
El trabajo se podrá ver en su totalidad al finalizar la publicación del 5º post.
3. LOS RITMOS ASILARES
La atención minuciosa a los ritmos cotidianos fue la clave para la comprensión de las diversas capas de sentido presentes en el Asilo Padre Cacique. Partiendo de la premisa de que el tiempo y el espacio son medios homogéneos donde los fenómenos se desarrollan, pero términos definidos relacionalmente según las prácticas sociales, se pecibe que los ritmos del proceso de envejecer en el asilo asumen diferentes formas y características dependiendo de las ocupaciones, de las distracciones, de los descansos, de los hábitos, de las irregularidades y de los intervalos de la vida cotidiana. Por eso los ritmos asilares no son fácilmente transmitibles a través de conceptos. El uso de la fotografía fue fundamental en ese sentido [9], garantizando una mirada paciente, que se deja llevar por la duración de la experiencia de envejecer.
En cada lugar y momento, ritmos diferentes se imponen: ellos están íntimamente relacionados a las experiencias de habitación de los espacios.
El tiempo de la institución engloba los tiempos individuales y está compuesto por ellos. En el comedor del Asilo Padre Cacique, lugar privilegiado para la sociabilidad, el timbre convocaba a reunión. A veces había fiestas, presentaciones y visitas que interrumpían los ritmos habituales de alimentación.
“Una profundización de los instantes” (Bachelard, 1994) tenía lugar.
Los ancianos pasaban a relacionarse afectivamente con el espectáculo, sin dejar las mesas inmediatamente y permaneciendo atentos al desarrollo de la trama.
El límite entre el corredor y el jardín, debajo de una arcada, resguardó muchos momentos de intimidad, siempre silenciosos y solitarios. Rui en su silla de ruedas, dormitó varias tardes allí durante el invierno, aprovechando el calor del sol frente a la entrada del comedor. Nuevamente, para quien contemplaba de afuera, ese reposo remitía a imágenes de vejez desamparada. Pero fue preciso reconocer que la soledad y el silencio acostumbran a andar juntos con la intimidad, proporcionando el reposo necesario a la habitación de un espacio privado. Y, en ese reposo, se constituía una cierta autonomía. Era un silencio a ser interpretado en su positividad, percibido en cuanto misterio íntimo, muchas veces recargado de valor social.
En el ala femenina la ocupación de los corredores osciló al gusto de las estaciones. El frío, que derriba, vaciaba sofás y sillas, y hacía parecer que los ritmos eran más pesados. Las que se arriesgaban a caminar, lo hacían cansinamente, arrastrando los pies. En los cuartos fue preciso saber entrar. Se trataba, antetodo, de un espacio doméstico, -territorios privados “donde todo visitante es un intruso, a menos que haya sido explícita y libremente convidado a entrar” (De Certau, 1997, pág. 203). Aunque invitado, precisé tomar conciencia de “mi lugar”. No era posible, evidentemente, acomodarse en cualquier rincón, sobre la cama o sobre una silla. De igual manera era preciso reconocer los tiempos apropiados para visitas y conversaciones: el cuarto, en cuanto espacio colectivo, englobaba las privacidades. Otros silencios se instalaban allí, lugar de miradas indiscretas y acusadoras.
Siendo bienvenido, se tornó posible percibir los esfuerzos de habitación presentes en cada “rinconcito”: las preferencias y exclusión de objetos, las formas de orden, la disposición de la mesita de luz y de las sillas, las fuentes de luz, los espejos, los libros y periódicos abiertos, en fin; las armonías y discrepancias propias de la función de habitar. Evidentemente esas pequeñas colecciones de objetos, ropas y utensillos representaban el universo singular de sus dueños.
Un armario encadenado, además de remitir al temor de hurtos, también puede servir como tentativas de resguardar recuerdos. Una síntesis entre voluntad y memoria, como diría Bachelard (2000). Objetos socialmente relevantes, secretamente ordenados, sirven como ancla de la memoria y de la identidad.
El armario es la primer referencia para quien viene a vivir en el Asilo Padre Cacique: en torno a él gira lo cotidiano y dentro de él están resguardados los elementos mínimos de la intimidad. Un armario que provoca “devaneios” cortos, suscitados por los detalles de las cosas insignificantes –objetos llenos de polvo, arañados, gastados: fotos perdidas, tomadas de antiguos álbumes familiares; utensillos aún útiles, como un cepillo de cabellos o de dientes, una espuma de afeitar, o los anteojos viejos, a veces amarrados con tela adhesiva.
Un análisis emprendido por Leticia Ferreira (1995) resaltó las rupturas con los ritmos domésticos, a causa de la entrada del anciano en un pensionado. A pesar del contraste entre el “mundo del hogar” y el “mundo del pensionado”, era posible restaurar la identidad social a través de miniaturas afectivas, que contribuían también a reproducir los ritmos y hábitos consolidados con el tiempo. Hogar y pensionado, por lo tanto, eran análogos y revelaban importantes marcos identitarios. En el Asilo Padre Cacique, aunque la investigación realizada no abarcaba los lugares anteriores de los informantes, los armarios también se revelaron como analogías. O mejor: como alegorías de las preferencias y estilos de vida de sus dueños.
Curiosamente los armarios también se transformaban, confesando las aspiraciones del momento y las maneras de reinventar las trayectorias de sus ocupantes. En el ritmo cotidiano, un armario nunca es el mismo armario. Las dádivas, los premios obtenidos por juegos, la selección de ropas, las compras; las riquezas en el subsuelo del asilo, donde los restos y rastros son depositados: todo objeto apropiado es, simultáneamente, un indicardor y un transformador de las preferencias personales en el presente. Por fin, los espacios de intimidad pueden abrigar al cuerpo doliente, sirviéndole de refugio restaurador –“ la cama es para hacer un reposo estratégico, quedarte en la tuya te recupera”, como relató Azevedo.
En el ala masculina, circulaban las “mentiras” y “fantasías”. Los contadores de historias y los chistosos aprovechaban la atención del visitante para contar aventuras y distinguirse. En esos momentos lúdicos, el tiempo oscilaba entre las palabras y las carrasperas. Y se detenía repentinamente cuando llegaba un morador estigmatizado, senil. Instantes de constreñimiento frente a un futuro posible, a un espejo trémulo. En los grandes cuartos del ala masculina no siempre fue necesaria una invitación para entrar, porque la mayor parte de las camas permanecía deshabitada durante el día. Por ello, para conocer el armario de cada persona, lo ideal fue formar parte de los tiempos vividos en los corredores y sólo después, proponer ser invitado a conocer los espacios de intimidad.
En el Asilo Padre Cacique, los aspectos más dramáticos se revelaron en la enfermería. Es allí donde saltaron a los ojos las imprevisibilidades de lo cotidiano, donde el núcleo organizador de los códigos de diferenciación/identificación –el temor a la senilidad- presenta su carácter concreto.
Allá el tiempo presentó su faceta inexorable: las muertes y dolencias indican que los ritmos sucesivos del cuerpo no duran para siempre, transformándose hasta alcanzar la inmobilidad. La construcción social del luto en la cultura asilar pasa, así, por el testimonio sistemático de finitud. Son estas vicisitudes dramáticas de la vida las que establecen los límites de la producción e interpretación de sentidos del envejecer.
[9] Puede accederse a algunas imágenes en: http://lucasgraeff.googlepages.com