Licenciada Myriam Noemí Petrongolo

Mayo 13, 2008

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente.”Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (5°), por Lucas Graeff

Llegamos al último post de esta serie; aquí las conclusiones del autor, Lucas Graeff, el corolario de todo su trabajo de investigación y las referencias bibliográficas utilizadas.

El mayor de los agradecimientos al autor, nuevamente, por haber permitido publicar su trabajo; y más aún al Dr. Ricardo Iacub (www.ricardoiacub.com.ar), quien, con su espíritu innovador y original, nos acerca siempre materiales abiertos a nuevas visiones (como éste aquí publicado) aportando visibilidad a las diversidades teóricas.

5. CONCLUSIÓN

Contextualizar a los moradores del Asilo Padre Cacique en el cuadro de sus dramas y de su vida cotidiana, cuestiona la construcción social de algunas representaciones compartidas sobre el asilamiento en el Brasil. Una de ellas se basa en la premisa de la “mortificación del yo” causado por el carácter totalizador de cualquier institución dedicada a la vejez. Cuando Erving Goffman (1974) formuló su teoría, las sociedades disciplinarias aún estaban en su apogeo (Deleuze, 2000) y, de hecho, el individuo no cesaba de pasar de un espacio cerrado a otro – de la familia a la escuela, de la escuela a la fábrica, de la fábrica al hospital o, eventualmente, a la prisión o al asilo.
Las instituciones totales eran proyectos de confinamiento por excelencia, con el objetivo de concentrar en el espacio, ordenar en el tiempo, centralizar la autoridad y racionalizar los esfuerzos. En la contemporaneidad, esas mismas sociedades disciplinares se transforman tornándose “reflexivas” o “complejas” [11]: los actores sociales se ubican en experiencias diversificadas, cruzando hechos y visiones del mundo contrastantes, demarcando, así, proyectos y trayectorias sociales que son significadas como singulares (Velho, 2004). Es en ese contexto ideológico es que la premisa de la “mortificación del yo” debe ser pensada críticamente.
Dada la política de apertura que estaba siendo aplicada por la dirección, el Asilo Padre Cacique no puede ser definido fácilmente como una “institución total”. El control social aplicado en ese micro-universo simbólico enfrentó resistencias y sufrió cambios, como en los criterios de selección y en los horarios de visitas, pasando por la invitación a la participación de familiares y voluntarios en el día a día y en las fiestas del Asilo, hasta las pequeñas modificaciones en los cuartos, cada vez menores, privados, proporcionando espacios de intimidad.
El Asilo Padre Cacique es parte de un conjunto de reflexiones y acciones dedicadas a la vejez y su política no puede ser comprendida como un hecho aislado. En el mismo período en que venía abriéndose, circulaban en medios de comunicación y televisivos y en los medios académicos y profesionales dedicados al envejecimiento, una serie de ideas-valor que configuraban el discurso de la Tercera Edad. En esa época también fue  promulgado el Estatuto del Anciano en el Brasil, que viene sirviendo como instrumento de reivindicaciones políticas y para el propio Estado, que se apoya en la Ley para fiscalizar las instituciones filantrópicas, religiosas y privadas de amparo a la Vejez y a la Tercera Edad. Por lo tanto, si la política de apertura del Asilo puede considerarse pionera, ella es absolutamente coherente con el contexto socio.político en que estaba inserta.
Desde tales consideraciones se sigue que el propio carácter de las instituciones dedicadas a la vejez está siendo redefinido. Frente a los cambios, nuevas premisas y conceptos precisan ganar espacio para que otras dimensiones  de la experiencia de envejecer en el asilo puedan ser interpretadas. Los tiempos vividos en los espacios sociales y las memorias narradas son fundamentales para contraponer críticamente la premisa de la mortificación del yo. Habitar los lugares, reinventar o “fantasear” la trayectoria social y establecer nuevas relaciones de sociabilidad configurarán situaciones singulares, más complejas que esa “burla ritual de poseer un yo” de la teoría interaccionista (Geertz, 1989) Prefiero hablar de un movimiento de afirmación de diferencias, más que de un simple juego entre aquello que es impuesto por la institucionalización y lo que es negociado estratégicamente por los actores.
La teoría de las Instituciones Totales debe ser asumida en cuanto tal: como una herramienta conceptual que contribuye para comprender el drama del asilamiento y para criticar el carácter totalitario de determinadas gestiones. Mas hay otros aspectos de la cultura asilar, muchos de ellos también dramáticos, que no pueden ser interpretados o explicados exclusivamente a través de esa teoría. –los peldaños de la vejez, que son maneras de vivir y de resignificar la condición de asilamiento, los ritmos cotidianos, que conforman temporalidades propias en la cultura asilar, y las narrativas de los viejos, sujetos de experiencias singulares, que realizan un esfuerzo sistemático de dar sentido a sus experiencias.
Las imágenes de la vejez institucionalizada, en cuanto construcciones sociales, también se vienen transformando. Las descripciones etnográficas presentadas aquí no deben servir  como negación de hechos concretos ligados a imágenes como la exclusión social, la pauperización y el abandono familiar. Su objetivo fue presentar el trabajo que los moradores del Asilo Padre Cacique realizaron para resignificar sus  trayectorias e identidades sociales y para afirmar la dignidad de sus condiciones de vida. Ese esfuerzo sólo es visible cuando un investigador acepta participar, aunque temporariamente, del mundo de la vejez y de sus capas de sentido.
Fue fundamental soportar los “ritmos de la eternidad” del asilo, con sus raras series de acción y tragedias cotidianas [12]. La transformación epistemológica propiciada por la etnografía, siempre fundada en categorías y conceptos antropológicos, renovó la cadencia de esos ritmos. Junto con el tiempo las imágenes se transformaron: percibí las redes sociales aparentemente inexistentes y comprendí la dimensión social de los conflictos y la diversidad de las experiencias vividas en el interior de la institución. Así, la heterogeneidad de la cuestión asilar se impuso, invitándome a pensar. Queda hecha la misma invitación para el lector.
   

[11]Sin entrar en los méritos de la larga e importante discusión que viene ocupando a los científicos sociales e historiadores (Giddens, 1994; Kuper, 1998; Velho, 2004; entre otros), sobre definiciones de centro vs periferia, sociedades complejas vs simples, etc., el dato fundamental aquí es la propia transformación

[12]¿Hay, de hecho, trajedia mayor que ser derribado por el propio cuerpo debilitado?

REFERENCIAS
BACHELARD, Gaston. A dialética da Duraçäo. 2 ed.Säo Paulo: Ática, 1994

BACHELARD, Gaston. A Poética do Espaço. Säo Paulo: Ática, 2000.

BENJAMIN, Walter. Magia, Técnica, Arte e Política: ensaios sobre literatura e história da cultura. Säo Paulo; Brasiliense, 1996.

BOURDIEU, Pierre. Razöes Prácticas. 3 ed. Campinas, 2001

DEBERT, Guita Grin. A reinvençäo da Velhice: socializaçäo e processos de reprivarizaçäo do envelhecimento. Säo Paulo: EDUSP, 1999.

DE CERTEAU, Michel. A invençäo do Cotidiano: artes de fazer. 2 ed. Petrópolis: Vozes, 1997

DELEUZE, Giles. Conversaçöes. Rio de Janeiro. Ed 34, 2000

DILTHEY, Wilhelm. Critique de la raison historique. Paris: Le Cerf , 1992

ELIAS, Norbert. A Sociedade de Corte. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 1994

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GADAMER, Hans-Georg. Verdade e Método. Petrópolis: Vozes, 1997

GEERTZ, Clifford. A Interpretaçäo das culturas. Rio de Janeiro: LTC, 1989.

GIDDENS, Anthony. Living in a Post – Traditional Society. In: BECK, Ulrich; GIDDENS, Anthony; LASH, Scott. Reflexive Modernization. Cambridge: Polity Press, 1994. P. 56 – 109

GOFFMAN, Erving. Manicömios, Prisöes e Conventos. Säo Paulo: Perspectiva, 1994.

GRAEFF, Lucas. O “Mundo da Velhice” e a Cultura Asilar: estudio antropológico sobre memória social e cotidiano de velhos no Asilo Padre Cacique, em Porto Alegre. 2005 172 f. Dissertaçäo (Mestrado em Antropologia) -Instituto de Filosofia e Ciéncias Humanas, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, 2005. Disponivel em: <http://www.bibliotecadigital.ufrgs.br/da.php?nrb=000515601&loc=2006&l44bt702768b2fa32>. Acceso em: 12 mar. 2007.

HALBWACHS, Maurice. Memória Coletiva. Säo Paulo:Vértice, 1990.

KUPER,Adam. Among the Anthropologists.: history and context in Antropology. London: Ayhlone Press, 1998.

LE BRETON, David Antropologie du corps et modernité. 4 ed. París: PUF, 2005.

OLIVEIRA, Roberto Cardoso de. Sobre o pensamento Antropológico. Rio de Janeiro: Tempo Brasileiro, 2003.

SAHLINS, Marshall. Ilhas de História. Rio de Janeiro: Zahar, 2004.

TURNER, Víctor. From ritual to Theatre: The human seriousness of play. New York: PAJ, 1982.

VELHO, Gilberto. Individualismo e Cultura: notas para una antropologia da sociedade contemporánea. 7 ed. Rio de Janeiro: Zahar, 2004.

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (4°), por Lucas Graeff

Este cuarto post de la serie “Instituciones totales y la cuestión asilar”, nos acerca a las narrativas y las producciones de sentido que el investigador Lucas Graeff pudo recoger durante su estadío en el asilo Padre Cacique; a la vez que nos muestra las diversas maneras en que los residentes reconstruyeron historias y trayectorias de vida.

 

4. LAS NARRATIVAS Y PRODUCCIÓN DE SENTIDO

Es una tarea irrealizable la tentativa de recomponer los ritmos de las narrativas en el papel. Se pierden las “performances”, con sus gestos, suspiros, excitaciones y silencios y se fijan grandes divisiones –“en tiempos de Getúlio”,  “en mi época”, pero el esfuerzo total realizado por el pensamiento se acaba perdiendo. El ritmo de lectura no es igual al de escritura, ni el del oyente al del narador. Ordenarlos y componerlos es un desafío sistemático de interpretación y comprensión. Es preciso buscar otros medios de significación, componer imágenes, sonidos, música y escritura [10]. Al fin se sugiere que todos los ritmos transcriptos no traducen, de hecho, aquellos de la experiencia de envjecer en el asilo. Sirven, por eso, como recursos múltiples de la imaginación.
La dinámica interactiva de las entrevistas coloca al viejo en posición de prestigio social, lo que implica una conciencia de responsabilidad de transmitir valores y perspectivas sobre el mundo y sobre el asilo: el viejo recupera, así, su condición de pertenencia afectiva a la comunidad de recuerdo. En esos términos, la narración de las trayectorias sociales no lleva al acceso de capas de memoria colectiva, pero agrega densidad a ellas. La percepción de continuidad social fue fortalecida – “mi tiempo pasó, pero tú estás todavía en la lucha”, como confesó Pedro, insistiendo que era preciso retomar una relación con un político local para ayudar a la divulgación del trabajo antropòlógico.
En palabras de Pierre Bourdieu (2001), la creación de sentido por medio de la biografía o narrativa es siempre un “artefacto”. En él se depositan los contenidos sociales que definen las condiciones de transmisión de experiencias. Recordar es un proceso que sigue demarcaciones socialmente compartidas –“en la sociedad están todas las indicaciones necesarias para reconstruir (…) las imágenes de los acontecimientos pasados” (Halbwachs, 1990, pág. 77). Al recuperar las singularidades del proceso de envejecer en el asilo, los artificios biográficos también revelan las direcciones y contra-direcciones de la memoria colectiva y la operación de unificación, dada por el pensamiento, que articula diferentes acciones y circunstancias según órdenes socialmente compartidas.
Recuperar las trayectorias sociales en el vivir cotidiano asilar a través del trabajo de la memoria tiene como finalidad la propuesta de instantes privilegiados, donde los ancianos podrán reconstituir las existencias de sus tiempos vividos a través de las narrativas. Con sus silencios, olvidos y actuaciones, el narrador procura salvar los sentidos de la experiencia (Benjamín, 1996) entrelazando incesantemente un conocimiento sobre sí mismos y sobre el mundo. Una situación de reciprocidad, de interlocución, es fundamental para la transmisión de las formas de existencia social y para el encuadre social de los recuerdos: los relatos son pensados cuidadosamente por el narrador, de acuerdo con las variaciones de entusiasmo e interés del oyente. Reconstruir la existencia es atravesar las ambigüedades, las lagunas y los olvidos que fragmentan la identidad social transformando la imagen de sí a través del trabajo de la memoria.
Pedro narró momentos excepcionales como si constituyesen una epopeya, exaltando sus acciones, los infortunios y las peripecias de la ocasión. Su habilidad poética resulta en una experiencia de continuidad: al construir un personaje, él organizó su identidad y procuró asegurar su autoridad para dar consejos sobre roles sociales y estilos de vida en el mundo de la vejez.
Al manipular su estigma, saltando con las palabras, cantando y danzando, Marieta configuró una identidad narrativa singular, lúdica. Sin abrir más que una táctica cotidiana fundamental –la afectividad y seducción a través de sus músicas- ella procuró mantener su proyecto de retornar a su casa y a la comunidad.
Azevedo eligió el subsuelo del asilo como su espacio afectivo actualizando su identidad de “socio de la soledad”, músico y compañero fraternal de los necesitados. El reconstruyó su historia y, a través de ella, procuró justificar sus interpretaciones sobre la cultura asilar, tornándose un cronista del asilo. El fue uno de los pocos moradores que narró su ciclo de vida, lo que lo inscribe, casi naturalmente en una cultura de clase media (Velho, 2004) generalmente ausente de las representaciones sobre la vejez pobre y asilada en el Brasil.
En la sala de visitas Luduvica realizaba la mediación entre visitantes, voluntarios y moradores del asilo, administrando la sociabilidad y el entretenimiento. En la narrativa ella utilizó categorías de Tercera Edad para interpretar a los colegas de la institución. Cotidianamente se posicionó como portavoz de las actividades lúdicas y colaboró activamente en el cuidado con los “viejitos”, distinguiéndose de ellos.
A través de la literatura Rui dio continuidad a un estilo de vida de formación cultural, al cual no tendría acceso de no haber sido por su desempeño como librero. Comercializar libros fue una oportunidad de circular entre grupos sociales. El organizó una narrativa heroica , mezclando una serie de tácticas cotidianas para vender libros prohibidos durante la dictadura militar. El enfatizó su gusto por películas, relacionándolas a recuerdos de su infancia y juventud.
Mezclando los recuerdos de modificaciones espaciales y los de las relaciones afectivas, Lidia testimonió cambios significativos en el Asilo Padre Cacique. A pesar de la pérdida gradual de la visión, ella aún fue capaz de recuperar imágenes y recuerdos que contrastaban con la condición presente del asilo. En su cuarto, nadie podía faltarle al respeto: las relaciones afectivas mantenidas a lo largo de los años le aseguraban autoridad por el afecto.
Al favorecer la diversidad de sentidos, las entrevistas no directivas sobre las relaciones entre la trayectoria social y el cotidiano asilar, acabaron por formalizar un “ritmanálise” (Bachelard, 1994). Durante los juegos de memoria, los viejos encuadraban por el pensamiento la acción real del tiempo –que marca inexorablemente el cuerpo- a través de la riqueza de pasajes afectivos, de las coincidencias vividas y de las peripecias. Prudentemente se creó una condición de reposo capaz de atravesar los ritmos cotidianos y de asegurar una posición diferenciada, a partir de la cual pudieron, de hecho, afirmar su inteligencia narrativa.

[10]La disertación de maestría que resultó de la investigación etnográfica, contiene un capítulo en video, dedicado al estudio de los armarios, además de un conjunto de 40 fotografías que procuran restaurar imaginariamente los diversos espacios del Asilo Padre Cacique. Puede ser consultado en la Biblioteca Sectorial de Ciencias Sociales y Humanidades de UFRGS

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