mayo 4, 2009

PSICOLOGíA ADULTOS MAYORES. BIENESTAR. ATENCION A DOMICILIO.

Posted in Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , at 2:07 am por Myriam Noemí Petrongolo

I. INTRODUCCION

            “La ciencia se ha vuelto ciega por su incapacidad de controlar, prever, incluso concebir su rol social, por su incapacidad de integrar, articular, reflexionar sobre sus propios conocimientos”. Edgar Morín

Efectivamente, como profesionales de la salud, debemos recordar siempre que tenemos un rol social al que atender, que trasciende a las contingencias de la práctica, la línea conceptual que se siga, o el lugar geográfico donde se trabaje.

Esa misma responsabilidad social es (o debiera ser) el motor y motivo para preguntarnos permanentemente sobre nuestra práctica profesional, sobre sus repercusiones y sus alcances.

“La autonomía, dentro del dominio del pensamiento, es la interrogación ilimitada; que no se detiene ante nada y que se pone ella misma constantemente en causa”. (C. Castoriadis 1997)

Colegas nuestros acaban de exponer durante horas (entre paneles, talleres y conferencias), el análisis de los diferentes aspectos y dimensiones de lo que podemos entender por “bienestar”. Han hablado de bienestar general, personal, físico, psicológico, social, subjetivo -por nombrar algunos-.

Tomando como base este recorrido, mi propósito es presentar la Atención Psicológica Domiciliaria como una práctica clínica posible y útil en el trabajo clínico con Adultos Mayores, que contribuye al bienestar y atiende, además, a una demanda social.

II. EL TRATAMIENTO

a. Sobre el inicio del tratamiento

La posibilidad de acceder a una terapia domiciliaria es, para algunos adultos mayores la causa por la cual se animan a iniciar el tratamiento. Estas personas, que no se avienen a concurrir a consultorio (por lo menos no inicialmente); dicen sentirse “mejor considerados” si nosotros nos acercamos a “su lugar” porque encuentran en la tranquilidad de lo familiar el reaseguro a ese despliegue desconocido del trabajo terapéutico.

“El consultorio es muy frío, muy feo lugar para que yo le cuente cosas tan íntimas…y qué se yo quien más escucha…” (Pedro, 69 años)

“Sí, tampoco es lindo ir al médico, pero ahí no tengo que hablar mucho…voy todos los meses, me siento y espero que me repita la misma receta..” (Lala, 67 años)

b. Sobre la continuidad del tratamiento

Este dispositivo previene de discontinuidades por ausencias o deserciones ya que somos nosotros, los psicólogos, los que debemos asistir puntualmente a cada sesión.

Aún cuando la ausencia del paciente estaría totalmente justificada (un reposo post operatorio, por ejemplo) el ritmo y la dinámica del trabajo terapéutico se resienten. En cambio, la posibilidad de recibirnos en esta situación, no interrumpe el trabajo psicológico y traerá por añadidura una mejor tramitación de la recuperación física.

“con este calor…creí que no venía…menos mal que viene usted, si tuviera que ir yo…mmm…no sé” (Lala)

“si llueve, usted va a venir igual ?, yo cuando llueve no salgo casi” (Su, 74 años)“es que los viejitos tenemos que cuidarnos de los golpes de calor, de los golpes de frío…ja ja ,,, y de los golpes al cuerpo también! (Pedro)

c. Sobre la adhesión al tratamiento

Mi experiencia indica que la adhesión al tratamiento se instala más prontamente en los pacientes que visito a domicilio, respecto de los que atiendo en consultorio. Creo que estos pacientes facilitan el armado del vínculo empático desde el cual abrazan la adhesión rápida al tratamiento , como un reconocimiento hacia nuestra “buena disposición” (por llamarlo de alguna manera) de visitarlos en sus casas.

“Yo le dije a mis hijos: ahora que me vienen a escuchar acá voy a hablar de todo, todo, todo, -no me importa si se enojan porque le cuento a usted cosas de ellos…” (Su)

“ya les dije a mi hija: nada de dejarme a los chicos el martes porque yo tengo mi terapia” (Pedro)

“estaba esperando que viniera, tengo que contarle que….” (Gra, 77 años)

III. LAS CASAS

Al entrar en la casa del paciente entramos, de una vez, en su mundo familiar cotidiano. En un universo de significaciones particular.

Objetos, recuerdos, fotos, muebles, disposiciones, que pueden servir de indicios a nuestra labor, si tenemos el buen tino de observar y atender a cambios sutiles -o no- sobre los mismos.

El Orden (o desorden), la luminosidad, los colores, las texturas, pueden ser indicadores importantes sobre el tono emocional del paciente.

El ambiente habla por sí solo y por boca del paciente cuando hace referencia a algunos objetos (sobretodo fotos) para apoyar sus dichos.

Las fotos expuestas resumen instantáneamente la red de personas más significativas de su entorno.

Suelen aparecer las fotos de los nietos y los hijos en primer lugar, foto exclusiva del cónyuge (si está fallecido, si vive participa de fotos grupales) y los mejores amigos/as.Generalmente no hay fotos actuales de los viejos (tanto de los pacientes como de sus parejas), sino fotos que los muestran más jóvenes.

También hay “ausentes” en las fotos que, paradójicamente aparecen -los primeros- en el discurso:

“Al más chico no lo puse, porque es un diablo!, no me llama nunca, se come las uñas a los 48 como cuando tenía 5 años…ja! Y con ínfulas de gerente de personal … no tiene tiempo de hablar con su madre” (Nona, 70 años)

Imágenes religiosas

Los adultos mayores suelen dedicar parte de su pensamiento al aspecto espiritual, al sentido de la vida, acompañados generalmente por los íconos de su religión.

“El alivio del envejecimiento llegaría con la práctica de la virtud y ésta conduciría al eterno bienestar del alma” (Iacub, 2006)

Hasta ahora no he conocido paciente que no tuviera alguna imagen religiosa colgada de una pared, apoyada en el ángulo de algún espejo o sostenida en un portarretratos, cual foto familiar . Especialmente las mujeres viudas suelen armar un pequeño altar frente a la foto de su pareja fallecida.

IV. LOS BARRIOS

Por último un breve mención sobre la utilidad que puede tener para nosotros conocer el barrio donde los pacientes interactúan.

Los barrios también hablan: el ambiente general de las cuadras lindantes, el movimiento de personas y automóviles, el nivel de ruidos, el estado de las veredas, en fin, todos los elementos que pueden favorecer o entorpecer la interacción de los viejos con su entorno. Así como conocer si existen instituciones en el barrio que sostienen programas relacionados con la tercera edad. Sobretodo si estamos apostando a que el paciente retome alguna actividad social.

Es útil armar junto con el paciente este tipo de guías barriales, recabando información formal (publicaciones gráficas, medios de comunicación) e informal (otros vecinos)

V. LAS CRÍTICAS MÁS REPETIDAS

He notado que la práctica clínica Atención Psicológica Domiciliaria no es aceptada tan fácilmente por todos los psicólogos, pero también he notado que muchos de los argumentos que esgrimen para detractarla son vagos, están basados en la repetición de conceptos teóricos instituídos como válidos, o en meros prejuicios (de los cuales, por supuesto, no son totalmente concientes ).

“La enfermedad de la teoría está en el doctrinarismo y en el dogmatismo que cierran a la teoría sobre ella misma y la petrifican”.

a. La primera crítica reza: “no es el escenario adecuado”

He notado que hay colegas trabajando con Adultos Mayores en ONGs, empresas, escuelas, universidades, hospitales, salas de auxilio, hogares de día, voluntariados, centros de jubilados, en las fronteras, en las zonas de desastres, en medio de catástrofes naturales, en barrios marginales, en situación de calle, en unidades de terapia intensiva… , podemos aún atender en ese gran domicilio colectivo que es “el geriátrico”, pero todavía no aceptamos la atención domiciliaria sin más; apenas la disculpamos si el paciente sufre (transitoria o permanentemente) algún impedimento físico para trasladarse, o si trabajamos en equipos de cuidados paliativos. O sea: sólo si es inevitable.

b. La segunda crítica acusa: “no responde a ningún encuadre ”

No son solamente los psicoanalistas quienes defienden el encuadre más tradicional; todos los psicólogos sostienen algún encuadre, lo perpetúan y muchas veces, a fuerza de repetirlo, se transforma en una rutina, se cristaliza su sentido y se configura un instituído, que parece ordenar y parece brindar cierta seguridad protectora.

“Romper el marco de lo esperable supone definir una nueva forma de actuar creativamente” (Iacub, 2001)

Personalmente creo que un encuadre apropiado se logra y construye con el paciente y desde pactos respetuosos del consenso mutuo.

“No hay ninguna consigna técnica precisa para darle al terapeuta, ya que debe estar en libertad de adoptar cualquier técnica que sea apropiada al caso. El principio fundamental es brindar un encuadre humano… “ (Donald W. Winnicott, 1957)

Después de todo, los elementos clave de una terapia son: el vínculo que hayamos podido construir con el paciente, (ligar al paciente a la persona del médico, decía Freud), el respeto por su subjetividad y el objetivo de reencaminarlo nuevamente hacia un bienestar perdido.

Todo paciente que solicita tratamiento es porque siente que ha perdido algo de su felicidad subjetiva, de su bienestar.

“Contemplada bajo este aspecto la felicidad se comporta de forma similar a la salud: no se nota, no se siente…(…)… se siente más su ausencia de lo que se nota su presencia ¿Acaso el pez “nota” el agua?”

VI. HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA

Actualmente el paradigma de la complejidad (del cual Edgar Morín es un insistente divulgador y militante) viene reclamando que desde las ciencias sociales adoptemos sus propuestas.

No podría dar cuenta de semejante vastedad teórica en estas líneas, pero diré que, en principio, me parece más coherente a nuestra labor y más coincidente.

“La complejidad no pretende tener visiones completas de las cosas. Es verdad que pensamos que no podemos aislar los objetos unos de otros. En última instancia todo es solidario. Si tenemos sentido de la complejidad, tenemos sentido de la solidaridad. Más aún, tenemos sentido del carácter multidimensional de toda realidad.”

No es nuevo para nosotros reconocer que la completud no existe como tal, que no podemos abarcar “la realidad” o que no podemos “desentramarnos” del complex social para observar un fenómeno objetivamente (la objetividad en sí misma es un constructo supuesto)

Las características fundamentales de este universo son la incertidumbre y la imprevisibilidad insoslayables.

Son “parte de” nuestro mundo humano; se pueden estructurar, reducir, pero nunca suprimir.

Considero que la complejidad con que se presenta el mundo global reclama la presencia de un pensamiento también complejo , abierto, que nos invita a desplegar nuestra intuición, nuestro pensamiento lateral, el desarrollo de múltiples inteligencias, aptitudes y competencias más creativas.

“…habría que sustituir el paradigma de disyunción / reducción / unidimensionalización por un paradigma de distinción / conjunción que permita distinguir sin desarticular, asociar sin identificar o reducir”.

Así las aparentes contradicciones con las que nos encontramos muchas veces en nuestra profesión (y en todos los aspectos de la vida) son tratadas como indicadores de otras dimensiones aún no vislumbradas, que habrá que ir a descubrir.

“En la visión clásica, cuando una contradicción aparece en un razonamiento, era una señal de error. Significaba dar marcha atrás y emprender otro razonamiento. Pero en la visión compleja, cuando se llega por vías empírico-racionales a contradicciones, ello no significa un error sino el hallazgo de una capa profunda de la realidad que, justamente porque es profunda, no puede ser traducida a nuestra lógica”(Morín, 2008) .

La intención de poder “controlar” las variables en las prácticas, o fenómenos y de poder predecir eficazmente algunos resultados es cada vez más ilusoria.

“Debemos saber que todo lo importante que sucede en la historia mundial o en nuestra vida es totalmente inesperado, porque continuamos actuando como si nada inesperado debiera suceder nunca. Sacudir esa pereza del espíritu es una lección que nos da el pensamiento complejo.”(Morín, 2008)

***CITAS EN PREPARACION***

BIBLIOGRAFIA

FREIRE, J.B. : “Humor y serenidad”. España. Ediciones Universidad de navarra, S.A. Pamplona, 1996

CASTORIADIS, C. : Conferencia de marzo 1997.

IACUB, R. : “Proyectar la vida. El desafío de los mayores”. Buenos Aires. Editorial Manantial, 2001

IACUB, R. : “Erótica y Vejez. Perspectivas de occidente”. Buenos Aires. Editorial Paidós, 2006

MORIN, E : “Introducción al pensamiento complejo”. Buenos Aires. Editorial Gedisa, 2008

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