diciembre 17, 2007

Psicología. Enfermedades Crónicas y Tercera Edad. La diabetes. (4º)

Posted in Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , , , a 9:27 pm por Myriam Noemí Petrongolo

En esta última entrega de “Enfermedades Crónicas y Tercera Edad. La diabetes”, desarrollo el marco teórico que me sirvió de base para la elaboración de todo el trabajo. Ojalá hayan encontrado desde el post nº 1 hasta este 4º un desarrollo coherente y útil para trabajos posteriores.

Desde ya gracias por leerme y por los mails que llegaron con apoyo y felicitaciones de colegas, grupos y pacientes.

MARCO TEORICO
El marco teórico general en el que se encuadra este tipo de trabajo corresponde a la Psicología Comunitaria, “cuyo objeto de estudio son los grupos en situación de desventaja, el objetivo es el cambio de las condiciones adversas que padecen, por medio de estrategias que implican la intervención del psicólogo como facilitador del cambio” (Sánchez Vidal, 1991)
La orientación biopsicosocial provee una integración holística, con igual ponderación de los aspectos biológicos, psicológicos y contextuales tanto en la presunción de los diagnósticos como en las modalidades de tratamientos; a la vez que enfatiza el rol activo que el individuo posee en el cuidado de su salud (Moos, 1989). Las intervenciones psicosociales con los programas de educación del paciente, “aumentan el conocimiento sobre la enfermedad, reducen la ansiedad y aumentan los sentimientos de determinación; reducen el dolor y mejoran las expectativas del paciente respecto del significado de su vida” .
Cualquier enfermedad está definida como crónica si tiene una duración mayor a seis meses.
Las enfermedades crónicas no son privativas de una franja etárea en especial (la diabetes es un buen ejemplo de ello), pero con el aumento en años de la expectativa de vida, las enfermedades crónicas incrementan su prevalencia.
Biegel (1991) adjudica lo antedicho a la disminución de las enfermedades infecciosas por avances de la farmacología y la inmunología; y a la disminución del índice de mortalidad que llevan a edades de la población más avanzadas.
Según la clasificación de Rolland referente a las fases temporales de estas enfermedades, este grupo se encuentra en la fase crónica de su enfermedad crónica, -que es intermedia entre la de diagnósico y la terminal-, en la que puede haber estabilidad o progresión, pero que implica el  “vivir cada día con la enfermedad”, y las familias pueden encontrar un “modus operandi” aceptable a los integrantes, mientras se mantiene el “semblante de una vida normal, bajo la anormal presencia de la enfermedad crónica” , que afecta , entonces, a los enfermos y a las familias: irrumpe y conlleva  una crisis, en tanto los modos de funcionamiento familiar –ante la enfermedad- pueden dejar de ser útiles y necesitan producir cambios en los roles y funciones, en pos de una adaptación a este nuevo estado de cosas. En esta fase crónica de la enfermedad es esperable -según el mismo autor-, que la familia se vea afectada a un movimiento centrípeto, debido a la socialización hacia la enfermedad, (movimiento hacia adentro que hace que se desdibujen los límites interpersonles entre sus miembros) y que puede interferir conflictivamente si la familia se encontraba en un período vital centrífugo: o sea, en un período donde “la frontera familiar externa se pierde”; “una distancia no patológica entre sus miembros se incrementa”, y “se enfatiza el intercambio con el ambiente extrafamiliar”
La red social personal se ve afectada negativamente por la irrupción de una enfermedad crónica en uno de sus miembros, a la vez que, también influye sobre la salud del enfermo; constituyendo entre ambos círculos virtuosos o viciosos de interrelación.
Entendemos, con Sluzki, a la red social como la “suma de todas las relaciones que un individuo percibe como significativas o define como diferenciadas de la masa anónima de la sociedad.” (Sluzki, 1996). “El tipo prevalente de intercambio interpersonal entre los miembros de la red determina las llamadas funciones” : compañía social, apoyo emocional, guía cognitiva y consejos, regulación social, ayuda material y de servicios, acceso a nuevos contactos; algunas de ellas -las que han surgido en la experiencia grupal- están comentadas en este trabajo.
“Sentirse acompañado estimula la cooperación y redunda en la práctica de conductas saludables, una mayor adhesión a los tratamientos, evita la depresión y revitaliza o genera una red social de apoyo eficaz” 
Las redes sociales eficaces tienden a disminuir el sentimiento de soledad entendido como “el sentimiento prolongado, desagradable, involuntario, de no estar relacionado significativamente o de manera próxima con alguien (…) se trata de una apreciación subjetiva, es decir que la persona se siente sola” .
En cambio “el aislamiento se remite a  aspectos objetivos, de estar separado de otros, la pérdida de la comunidad” .
La teoría del apego de Bowlby viene a introducir otra perspectiva a las consideraciones sobre la soledad.
El apego a alguien significa que se está “…absolutamente dispuesto a buscar  la proximidad y el contacto con ese individuo” “…la disposición para comportarse de esa manera es un atributo de la persona apegada” “…atributo persistente que cambia lentamente con el correr del tiempo”  y la conducta de apego se refiere a “cualquiera de las diversas formas de conducta que la persona adopta para obtener y/o mantener una proximidad deseada”
Este autor sostiene que el estilo de apego (Aisnworth, 1978)  parece mantenerse a lo largo de la vida, a modo de matriz o modelo que se repite en los vínculos intrapersonales. Un apego seguro –dice Bowlby- hace que la persona pueda desarrollar más confianza en sí misma.
El trabajo comunitario con los grupos -además de lo ya desarrollado- propone estrategias que apuntan a concientizar al enfermo sobre participar activamente de su salud y a vivir con la enfermedad, adherir al tratamiento médico, aprender habilidades para fortalecer el afrontamiento de estresores internos y externos.
El afontamiento es definido por Folkman y Lazarus como “esfuerzos, orientados tanto hacia la acción como intrapsíquicos, para manejar (es decir, tolerar, reducir, minimizar) las demandas ambientales e internas y los conflictos que surgen entre ellas” . Los mismos autores indican que no existen estresores “per se”, sino que los mismos son así categorizados por la evaluación cognitiva de cada sujeto. La valoración primaria indica la valoración que se otorga al evento (amenaza, desafío, indiferencia) y la secundaria evalúa los recursos con que se cuenta para hacer frente al evento evaluado como estresor. La valoración se mantiene durante todo el proceso de afrontamiento y constituye un sistema de retroalimentación. En este sentido la relación con el concepto de “percepción de autoeficacia” de Bandura se hace evidente: si la persona cuenta con una buena dosis de percepción de autoeficacia (autoeficacia de media a alta), no sentirá como amenazante su mundo circundante (o lo sentirá mucho menos), con lo cual, no evaluará como peligrosos los estímulos y no desarrollará distress; o bien, aumentará su percepción de autoeficacia ante afrontamientos exitosos. (Bandura, 1992). Existen dos formas de afrontamiento: basado en el problema y basado en la emoción (en ésta se incluye la búsqueda de significado). En cambio las estrategias –que se diferenciarán de tareas adaptativas que los enfermos deben poner en práctica- son múltiples y existen diversas clasificaciones de ellas.
El dispositivo de trabajo grupal, además de propiciar nuevas y mejores maneras de afrontamiento, hace que los integrantes reproduzcan el sentimiento de competencia y autoeficacia, compartan experiencias, puedan notar que hay otras personas tanto o más afectadas que ellos, que la enfermedad no es un castigo, sino que afecta a un porcentaje poblacional determinado , a la vez que permite el aprendizaje vicario .

BIBLIOGRAFIA:

-Bandura, Albert;  Autoeficacia: como afrontamos los cambios de la sociedad actual. Editorial Desclee de Bruwer.
-Biegel, D.; Sales, E.; Schulz, R.; Family Caregiving in Chronic Ilness, USA, Sage Publicacions, 1991.
-Bowlby, J.; “Una base segura”. Ed. Paidós, 1989.
-Burrows, G.D. ; Lipsitt, Don R. (eds). Handbooks of studies on general hospital psychiatry, Elsevier. New Cork, 1991. (traducción)
-Folkman, S.; “Nuevas perspectivas sobre el afrontamiento: lecciones de las personas que cuidan pacientes con Sida”. Psicología del Fin de Siglo. Caracas, 1999.
-Lazarus y Folkman; “Estrés y Procesos Cognitivos” Cap. 1. Editorial Martinez Roca
-Moos, Rudolf H.; “Coping with Phisical Illness”, New York, Plenum, 1989 (traducción)
-Power, P.W. ; “Family coping with illness and rehabilitation “. en Judd,F.K. ; Rolland, J.; “Families, illness and disability“. Basic Books. New York, 1994.
-Taylor y Aspinwall; “Aspectos psicosociales de la enfermedad crónica”. Traducción. 
-Seidmann S. y Cols.; “Cuidando a un familiar enfermo”. IX Anuario de investigaciones, Facultad de Psicología, U.B.A., 2002.
-Seidman y Muchinik (1998); “Aislamiento y soledad”. Eudeba. Bs. As.
-Sluzki, C.; “La red social: la frontera de la práctica sistémica”. Gedeisa. Barcelona.

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