abril 20, 2008

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (3º), por Lucas Graeff

Posted in Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , a 11:11 pm por Myriam Noemí Petrongolo

 Los ritmos personales e institucionales del envejecimiento en el asilo, son el núcleo de este tercer punto (post nº 3) en la investigación “Instituciones totales y la cuestión asilar” que el psicólogo y antropólogo Lucas Graeff ha realizado en el asilo Padre Cacique de Porto Alegre, Brasil; quien, amablemente, nos permite su publicación en este blog.

El trabajo se podrá ver en su totalidad al finalizar la publicación del 5º post.

3. LOS RITMOS ASILARES

La atención minuciosa a los ritmos cotidianos fue la clave para la comprensión de las diversas capas de sentido presentes en el Asilo Padre Cacique. Partiendo de la premisa de que el tiempo y el espacio son medios homogéneos donde los fenómenos se desarrollan, pero términos definidos relacionalmente según las prácticas sociales, se pecibe que los ritmos del proceso de envejecer en el asilo asumen diferentes formas y características dependiendo de las ocupaciones, de las distracciones, de los descansos, de los hábitos, de las irregularidades y de los intervalos de la vida cotidiana. Por eso los ritmos asilares no son fácilmente transmitibles a través de conceptos. El uso de la fotografía fue fundamental en ese sentido [9], garantizando una mirada paciente, que se deja llevar por la duración de la experiencia de envejecer.
En cada lugar y momento, ritmos diferentes se imponen: ellos están íntimamente relacionados a las experiencias de habitación de los espacios.
El tiempo de la institución engloba los tiempos individuales y está compuesto por ellos. En el comedor del Asilo Padre Cacique, lugar privilegiado para la sociabilidad, el timbre convocaba a reunión. A veces había fiestas, presentaciones y visitas que interrumpían los ritmos habituales de alimentación.
“Una profundización de los instantes” (Bachelard, 1994) tenía lugar.
Los ancianos pasaban a relacionarse afectivamente con el espectáculo, sin dejar las mesas inmediatamente y permaneciendo atentos al desarrollo de la trama.
El límite entre el corredor y el jardín, debajo de una arcada, resguardó muchos momentos de intimidad, siempre silenciosos y solitarios. Rui en su silla de ruedas, dormitó varias tardes allí durante el invierno, aprovechando el calor del sol frente a la entrada del comedor. Nuevamente, para quien contemplaba de afuera, ese reposo remitía a imágenes de vejez desamparada. Pero fue preciso reconocer que la soledad y el silencio acostumbran a andar juntos con la intimidad, proporcionando el reposo necesario a la habitación de un espacio privado. Y, en ese reposo, se constituía una cierta autonomía. Era un silencio a ser interpretado en su positividad, percibido en cuanto misterio íntimo, muchas veces recargado de valor social.
En el ala femenina la ocupación de los corredores osciló al gusto de las estaciones. El frío, que derriba, vaciaba sofás y sillas, y hacía parecer que los ritmos eran más pesados. Las que se arriesgaban a caminar, lo hacían cansinamente, arrastrando los pies. En los cuartos fue preciso saber entrar. Se trataba, antetodo, de un espacio doméstico, -territorios privados “donde todo visitante es un intruso, a menos que haya sido explícita y libremente convidado a entrar” (De Certau, 1997, pág. 203). Aunque invitado, precisé tomar conciencia de “mi lugar”. No era posible, evidentemente, acomodarse en cualquier rincón, sobre la cama o sobre una silla. De igual manera era preciso reconocer los tiempos apropiados para visitas y conversaciones: el cuarto, en cuanto espacio colectivo, englobaba las privacidades. Otros silencios se instalaban allí, lugar de miradas indiscretas y acusadoras.
Siendo bienvenido, se tornó posible percibir los esfuerzos de habitación presentes en cada “rinconcito”: las preferencias y exclusión de objetos, las formas de orden, la disposición de la mesita de luz y de las sillas, las fuentes de luz, los espejos, los libros y periódicos abiertos, en fin; las armonías y discrepancias propias de la función de habitar. Evidentemente esas pequeñas colecciones de objetos, ropas y utensillos representaban el universo singular de sus dueños.
Un armario encadenado, además de remitir al temor de hurtos, también puede servir como tentativas de resguardar recuerdos. Una síntesis entre voluntad y memoria, como diría Bachelard (2000). Objetos socialmente relevantes, secretamente ordenados, sirven como ancla de la memoria y de la identidad.
El armario es la primer referencia para quien viene a vivir en el Asilo Padre Cacique: en torno a él gira lo cotidiano y dentro de él están resguardados los elementos mínimos de la intimidad. Un armario que provoca “devaneios” cortos, suscitados por los detalles de las cosas insignificantes –objetos llenos de polvo, arañados, gastados: fotos perdidas, tomadas de antiguos álbumes familiares; utensillos aún útiles, como un cepillo de cabellos o de dientes, una espuma de afeitar, o los anteojos viejos, a veces amarrados con tela adhesiva.
Un análisis emprendido por Leticia Ferreira (1995) resaltó las rupturas con los ritmos domésticos, a causa de la entrada del anciano en un pensionado. A pesar del contraste entre el “mundo del hogar” y el “mundo del pensionado”, era posible restaurar la identidad social a través de miniaturas afectivas, que contribuían también a reproducir los ritmos y hábitos consolidados con el tiempo. Hogar y pensionado, por lo tanto, eran análogos y revelaban importantes marcos identitarios. En el Asilo Padre Cacique, aunque la investigación realizada no abarcaba los lugares anteriores de los informantes, los armarios también se revelaron como analogías. O mejor: como alegorías de las preferencias y estilos de vida de sus dueños.
Curiosamente los armarios también se transformaban, confesando las aspiraciones del momento y las maneras de reinventar las trayectorias de sus ocupantes. En el ritmo cotidiano, un armario nunca es el mismo armario. Las dádivas, los premios obtenidos por juegos, la selección de ropas, las compras; las riquezas en el subsuelo del asilo, donde los restos y rastros son depositados: todo objeto apropiado es, simultáneamente, un indicardor y un transformador de las preferencias personales en el presente. Por fin, los espacios de intimidad pueden abrigar al cuerpo doliente, sirviéndole de refugio restaurador –“ la cama es para hacer un reposo estratégico, quedarte en la tuya te recupera”, como relató Azevedo.
En el ala masculina, circulaban las “mentiras” y “fantasías”. Los contadores de historias y los chistosos aprovechaban la atención del visitante para contar aventuras y distinguirse. En esos momentos lúdicos, el tiempo oscilaba entre las palabras y las carrasperas. Y se detenía repentinamente cuando llegaba un morador estigmatizado, senil. Instantes de constreñimiento frente a un futuro posible, a un espejo trémulo. En los grandes cuartos del ala masculina no siempre fue necesaria una invitación para entrar, porque la mayor parte de las camas permanecía deshabitada durante el día. Por ello, para conocer el armario de cada persona, lo ideal fue formar parte de los tiempos vividos en los corredores y sólo después, proponer ser invitado a conocer los espacios de intimidad.
En el Asilo Padre Cacique, los aspectos más dramáticos se revelaron en la enfermería. Es allí donde saltaron a los ojos las imprevisibilidades de lo cotidiano, donde el núcleo organizador de los códigos de diferenciación/identificación –el temor a la senilidad- presenta su carácter concreto.
Allá el tiempo presentó su faceta inexorable: las muertes y dolencias indican que los ritmos sucesivos del cuerpo no duran para siempre, transformándose hasta alcanzar la inmobilidad. La construcción social del luto en la cultura asilar pasa, así, por el testimonio sistemático de finitud. Son estas vicisitudes dramáticas de la vida las que establecen los límites de la producción e interpretación de sentidos del envejecer.

[9] Puede accederse a algunas imágenes en: http://lucasgraeff.googlepages.com

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