mayo 13, 2008

Psicología. Tercera Edad. Envejecer en el asilo: una mirada diferente. “Estudios interdisciplinarios sobre el envejecimiento” (4°), por Lucas Graeff

Posted in Libros y Artículos tagged , , , , , , , , , , , , , a 2:18 am por Myriam Noemí Petrongolo

Este cuarto post de la serie “Instituciones totales y la cuestión asilar”, nos acerca a las narrativas y las producciones de sentido que el investigador Lucas Graeff pudo recoger durante su estadío en el asilo Padre Cacique; a la vez que nos muestra las diversas maneras en que los residentes reconstruyeron historias y trayectorias de vida.

 

4. LAS NARRATIVAS Y PRODUCCIÓN DE SENTIDO

Es una tarea irrealizable la tentativa de recomponer los ritmos de las narrativas en el papel. Se pierden las “performances”, con sus gestos, suspiros, excitaciones y silencios y se fijan grandes divisiones –“en tiempos de Getúlio”,  “en mi época”, pero el esfuerzo total realizado por el pensamiento se acaba perdiendo. El ritmo de lectura no es igual al de escritura, ni el del oyente al del narador. Ordenarlos y componerlos es un desafío sistemático de interpretación y comprensión. Es preciso buscar otros medios de significación, componer imágenes, sonidos, música y escritura [10]. Al fin se sugiere que todos los ritmos transcriptos no traducen, de hecho, aquellos de la experiencia de envjecer en el asilo. Sirven, por eso, como recursos múltiples de la imaginación.
La dinámica interactiva de las entrevistas coloca al viejo en posición de prestigio social, lo que implica una conciencia de responsabilidad de transmitir valores y perspectivas sobre el mundo y sobre el asilo: el viejo recupera, así, su condición de pertenencia afectiva a la comunidad de recuerdo. En esos términos, la narración de las trayectorias sociales no lleva al acceso de capas de memoria colectiva, pero agrega densidad a ellas. La percepción de continuidad social fue fortalecida – “mi tiempo pasó, pero tú estás todavía en la lucha”, como confesó Pedro, insistiendo que era preciso retomar una relación con un político local para ayudar a la divulgación del trabajo antropòlógico.
En palabras de Pierre Bourdieu (2001), la creación de sentido por medio de la biografía o narrativa es siempre un “artefacto”. En él se depositan los contenidos sociales que definen las condiciones de transmisión de experiencias. Recordar es un proceso que sigue demarcaciones socialmente compartidas –“en la sociedad están todas las indicaciones necesarias para reconstruir (…) las imágenes de los acontecimientos pasados” (Halbwachs, 1990, pág. 77). Al recuperar las singularidades del proceso de envejecer en el asilo, los artificios biográficos también revelan las direcciones y contra-direcciones de la memoria colectiva y la operación de unificación, dada por el pensamiento, que articula diferentes acciones y circunstancias según órdenes socialmente compartidas.
Recuperar las trayectorias sociales en el vivir cotidiano asilar a través del trabajo de la memoria tiene como finalidad la propuesta de instantes privilegiados, donde los ancianos podrán reconstituir las existencias de sus tiempos vividos a través de las narrativas. Con sus silencios, olvidos y actuaciones, el narrador procura salvar los sentidos de la experiencia (Benjamín, 1996) entrelazando incesantemente un conocimiento sobre sí mismos y sobre el mundo. Una situación de reciprocidad, de interlocución, es fundamental para la transmisión de las formas de existencia social y para el encuadre social de los recuerdos: los relatos son pensados cuidadosamente por el narrador, de acuerdo con las variaciones de entusiasmo e interés del oyente. Reconstruir la existencia es atravesar las ambigüedades, las lagunas y los olvidos que fragmentan la identidad social transformando la imagen de sí a través del trabajo de la memoria.
Pedro narró momentos excepcionales como si constituyesen una epopeya, exaltando sus acciones, los infortunios y las peripecias de la ocasión. Su habilidad poética resulta en una experiencia de continuidad: al construir un personaje, él organizó su identidad y procuró asegurar su autoridad para dar consejos sobre roles sociales y estilos de vida en el mundo de la vejez.
Al manipular su estigma, saltando con las palabras, cantando y danzando, Marieta configuró una identidad narrativa singular, lúdica. Sin abrir más que una táctica cotidiana fundamental –la afectividad y seducción a través de sus músicas- ella procuró mantener su proyecto de retornar a su casa y a la comunidad.
Azevedo eligió el subsuelo del asilo como su espacio afectivo actualizando su identidad de “socio de la soledad”, músico y compañero fraternal de los necesitados. El reconstruyó su historia y, a través de ella, procuró justificar sus interpretaciones sobre la cultura asilar, tornándose un cronista del asilo. El fue uno de los pocos moradores que narró su ciclo de vida, lo que lo inscribe, casi naturalmente en una cultura de clase media (Velho, 2004) generalmente ausente de las representaciones sobre la vejez pobre y asilada en el Brasil.
En la sala de visitas Luduvica realizaba la mediación entre visitantes, voluntarios y moradores del asilo, administrando la sociabilidad y el entretenimiento. En la narrativa ella utilizó categorías de Tercera Edad para interpretar a los colegas de la institución. Cotidianamente se posicionó como portavoz de las actividades lúdicas y colaboró activamente en el cuidado con los “viejitos”, distinguiéndose de ellos.
A través de la literatura Rui dio continuidad a un estilo de vida de formación cultural, al cual no tendría acceso de no haber sido por su desempeño como librero. Comercializar libros fue una oportunidad de circular entre grupos sociales. El organizó una narrativa heroica , mezclando una serie de tácticas cotidianas para vender libros prohibidos durante la dictadura militar. El enfatizó su gusto por películas, relacionándolas a recuerdos de su infancia y juventud.
Mezclando los recuerdos de modificaciones espaciales y los de las relaciones afectivas, Lidia testimonió cambios significativos en el Asilo Padre Cacique. A pesar de la pérdida gradual de la visión, ella aún fue capaz de recuperar imágenes y recuerdos que contrastaban con la condición presente del asilo. En su cuarto, nadie podía faltarle al respeto: las relaciones afectivas mantenidas a lo largo de los años le aseguraban autoridad por el afecto.
Al favorecer la diversidad de sentidos, las entrevistas no directivas sobre las relaciones entre la trayectoria social y el cotidiano asilar, acabaron por formalizar un “ritmanálise” (Bachelard, 1994). Durante los juegos de memoria, los viejos encuadraban por el pensamiento la acción real del tiempo –que marca inexorablemente el cuerpo- a través de la riqueza de pasajes afectivos, de las coincidencias vividas y de las peripecias. Prudentemente se creó una condición de reposo capaz de atravesar los ritmos cotidianos y de asegurar una posición diferenciada, a partir de la cual pudieron, de hecho, afirmar su inteligencia narrativa.

[10]La disertación de maestría que resultó de la investigación etnográfica, contiene un capítulo en video, dedicado al estudio de los armarios, además de un conjunto de 40 fotografías que procuran restaurar imaginariamente los diversos espacios del Asilo Padre Cacique. Puede ser consultado en la Biblioteca Sectorial de Ciencias Sociales y Humanidades de UFRGS

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